TINEA PEDIS

Tinea Pedis en corredores: Guía de Prevención y Tratamiento

Pie de atleta (tinea pedis en corredores) es una de las infecciones fúngicas más frecuentes en deportistas que entrenan de forma habitual.

No es exclusiva de corredores, pero el running reúne casi todas las condiciones que este hongo necesita para proliferar: sudoración prolongada, calzado cerrado y exposición repetida a superficies húmedas compartidas. Como farmacéutica, en esta guía te explico qué es, por qué es tan habitual en quienes entrenan con regularidad y, sobre todo, cómo prevenirlo y tratarlo de forma eficaz.

¿Qué es la tinea pedis?

La tinea pedis es una infección causada por hongos llamados dermatofitos (principalmente Trichophyton rubrum y Trichophyton interdigitale), que se alimentan de la queratina de la piel —la proteína que forma la capa más superficial de la epidermis—. A veces intervienen también levaduras del género Candida, dando lugar a formas mixtas. Estos hongos colonizan sobre todo los espacios entre los dedos de los pies, aunque también pueden afectar la planta.

Existen tres presentaciones clínicas principales, y es útil que sepas reconocerlas porque no todas se ven igual:

  • Forma interdigital (la más frecuente en corredores): piel macerada, blanquecina y con descamación entre los dedos, especialmente el 4º y 5º, con picor intenso.
  • Forma hiperqueratósica o «en mocasín»: la piel de la planta y los bordes del pie se engrosa y descama de forma difusa, como si llevaras un mocasín invisible. Es de curso más crónico y menos llamativo al principio.
  • Forma vesiculosa o inflamatoria: aparecen pequeñas ampollas (vesículas) que pican mucho, normalmente en el arco del pie. Es la forma con más componente inflamatorio.

Por qué los corredores son especialmente vulnerables

No es casualidad que esta infección aparezca con tanta frecuencia entre quienes entrenan de forma habitual. Varios factores se combinan y se potencian entre sí:

  • Sudoración prolongada dentro de la zapatilla. Los hongos necesitan humedad para reproducirse. En una sesión de carrera de una hora, la humedad relativa dentro del calzado puede superar el 90%, un entorno prácticamente ideal para ellos.
  • Calzado cerrado y poco transpirable. Muchas zapatillas de rendimiento priorizan la amortiguación y el ajuste sobre la ventilación. Eso significa que, aunque corras con buena técnica, el pie puede quedar «encerrado» en humedad durante horas después de entrenar.
  • Vestuarios, duchas y piscinas compartidas. Las esporas de estos hongos pueden sobrevivir en superficies húmedas —baldosas de duchas, suelos de vestuario— durante semanas. Caminar descalzo por estas zonas es una de las formas de contagio más habituales, y mucha gente no lo sabe.
  • Roce y microtraumatismos repetidos. El contacto constante entre dedos, o entre el pie y la zapatilla, puede dañar ligeramente la piel y abrir una puerta de entrada para el hongo.
  • Calcetines poco adecuados. El algodón absorbe el sudor pero tarda mucho en secarse, así que el pie permanece húmedo durante más tiempo del que crees, incluso después de que «ya no notas» la humedad.

Tratamiento farmacológico

La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, el tratamiento es sencillo y se aplica de forma tópica (directamente sobre la piel, sin necesidad de pastillas). Estas son las opciones con mejor respaldo clínico:

Antifúngicos tópicos de elección:

El tratamiento del pie de atleta (tinea pedis en corredores) suele ser tópico en la mayoría de casos.

  • Terbinafina 1% en crema. Se aplica una vez al día durante 1-2 semanas. Es «fungicida», es decir, mata directamente al hongo (no solo detiene su crecimiento), por lo que suele permitir tratamientos más cortos con buenos resultados.
  • Clotrimazol o miconazol 1-2%. Se aplican dos veces al día, pero durante más tiempo: unas 4 semanas. Son «fungistáticos» —frenan el crecimiento del hongo en lugar de matarlo directamente—, por eso necesitan más duración para que el propio recambio de la piel termine eliminándolo.
  • Ciclopirox olamina. Combina acción antifúngica con cierto efecto calmante sobre la inflamación, por lo que es una buena opción cuando hay más picor o irritación asociada.

Un detalle que marca la diferencia en la eficacia real: hay que aplicar la crema 1-2 cm más allá del borde visible de la lesión (el hongo suele estar ya colonizando piel que todavía parece sana) y seguir aplicándola varios días después de que la piel tenga buen aspecto. Esto es importante porque la piel puede «verse bien» antes de que el hongo esté realmente eliminado, y parar demasiado pronto es la causa más común de que la infección vuelva a los pocos días.

Cuándo hace falta tratamiento oral (en pastillas):
Si la infección es muy extensa, si reaparece una y otra vez a pesar de tratarla bien, o si además hay hongos en las uñas (onicomicosis), el médico puede valorar un antifúngico oral como terbinafina o itraconazol. Estos tratamientos requieren supervisión médica, ya que pueden interaccionar con otros medicamentos y, en tratamientos largos, se recomienda controlar la función hepática.

Sobre el picor y la inflamación:
Cuando hay mucha inflamación, a veces se combina brevemente un corticoide tópico suave con el antifúngico para aliviar las molestias más rápido. Ojo con este punto: usar un corticoide solo, sin antifúngico, puede empeorar la infección al bajar las defensas locales de la piel, aunque temporalmente parezca que mejora. Por eso esta combinación siempre debe indicarla un profesional.

Prevención específica para runners

La prevención del pie de atleta en corredores es clave para evitar recurrencias.

En mi experiencia clínica, la prevención es mucho más eficaz —y mucho más cómoda— que tratar brotes una y otra vez. Estas son las medidas con mayor impacto real, ordenadas por lo fácil que son de aplicar desde ya:

Calcetín técnico para prevenir tinea pedis en corredores

  1. Calcetines técnicos, nunca de algodón. Las fibras sintéticas (poliéster, poliamida) o la lana merino «gestionan» el sudor: lo alejan de la piel hacia el exterior del tejido, en lugar de retenerlo como hace el algodón. Es probablemente el cambio más sencillo y con más impacto de toda esta lista.
  2. Rotar el calzado. Una zapatilla necesita entre 24 y 48 horas para secarse completamente por dentro, aunque por fuera parezca seca antes. Si entrenas varios días seguidos, alternar entre dos pares reduce muchísimo la humedad disponible para que el hongo prolifere. Zapatillas de running transpirables secándose al aire
  3. Secado interdigital exhaustivo después de la ducha, pasando la toalla (o mejor, usando una toalla distinta) entre cada dedo, no solo por encima del pie. Es el gesto más simple de todos y, curiosamente, el que casi nadie hace bien.
  4. Polvos o sprays antifúngicos/secantes en el calzado. Especialmente recomendables si ya has tenido pie de atleta antes, o si sudas mucho de los pies (lo que se llama hiperhidrosis plantar).
  5. Chanclas de ducha en vestuarios, piscinas y zonas comunes. Nunca camines descalzo en superficies compartidas: es una de las vías de contagio más frecuentes y más fáciles de evitar. Chanclas de ducha para prevenir contagio de hongos en vestuarios
  6. No compartas calcetines, toallas ni calzado con otras personas, ni siquiera brevemente.
  7. Elige zapatillas con buena transpirabilidad, sobre todo si notas que tus pies sudan mucho durante el entrenamiento.

Algunos mitos que conviene desmontar

  • «Si no me pica, no tengo hongos.» Falso: las formas hiperqueratósicas pueden pasar casi desapercibidas durante meses porque apenas dan picor, y sin embargo siguen siendo contagiosas y pueden extenderse a las uñas.
  • «Con lavarme bien los pies es suficiente.» La higiene ayuda, pero sin un buen secado y sin calcetines/calzado adecuados, el hongo puede seguir encontrando el ambiente húmedo que necesita.
  • «Como es leve, no hace falta terminar el tratamiento.» Es precisamente la causa más habitual de que la infección reaparezca a las pocas semanas.

Cuándo consultar con un profesional

Te recomiendo acudir a tu farmacéutico o médico si: hay afectación de las uñas, las lesiones no mejoran tras dos semanas de tratamiento tópico correcto, aparecen signos de que se ha añadido una infección bacteriana (dolor intenso, pus, fiebre), o si tienes diabetes o algún problema que afecte a tus defensas, ya que en estos casos el riesgo de complicaciones es mayor y conviene un seguimiento más cercano.

Preguntas frecuentes

¿Puedo seguir entrenando si tengo pie de atleta?
Sí, en general no es necesario parar. Simplemente presta más atención al secado, cambia los calcetines después de entrenar y evita ponerte zapatillas que sepas que están húmedas por dentro hasta que la infección se haya resuelto.

¿Cuánto tarda en curarse con tratamiento tópico?
Con terbinafina suele notarse mejoría en 3-7 días, aunque hay que completar el tratamiento durante 1-2 semanas igualmente. Con clotrimazol o miconazol, el tratamiento completo se extiende hasta 4 semanas, aunque la mejoría también suele notarse antes.

¿Es contagioso el pie de atleta?
Sí. Se transmite por contacto directo con la piel de otra persona infectada o, más habitualmente, a través de superficies contaminadas: duchas, vestuarios, toallas compartidas. Por eso las medidas de higiene en espacios compartidos son tan importantes.

¿Por qué me vuelve a salir después de tratarlo?
Las causas más frecuentes de recidiva son: no completar el tratamiento hasta el final, no desinfectar el calzado que ya estaba «contaminado» con esporas, o tener una infección en las uñas sin tratar que actúa como reservorio y reinfecta la piel una y otra vez.

 

Si entrenas con regularidad, tus pies están sometidos a un estrés de humedad y calor constante que no tiene por qué ser así. Adoptar unos hábitos preventivos sencillos —calcetines adecuados, rotación de calzado y buen secado— evita la mayoría de los casos. Y si ya tienes síntomas, un tratamiento antifúngico correcto y completo resuelve el problema en la gran mayoría de los casos, sin necesidad de interrumpir tus entrenamientos.

 

PIES DE RUNNER.

Hoy vamos a dar unos buenos consejos a aquellos que os esteis planteando empezar a correr. Los pies…hay que cuidarlos.

El ciclo de la marcha se divide en fase de apoyo (cuando alguno de los dos pies está en contacto con el suelo) y fase de balanceo (cuando el pie se encuentra oscilando en el aire). Cuando corremos, en nuestro pie se multiplica de 2 a 5 veces el peso de nuestro cuerpo por las fuerzas reactivas del suelo. La pronación que tanto temen los corredores no es más que una adaptación de nuestro pie al suelo.

¿Sufre el pie al correr?

Depende del tipo de pie. Un exceso de pronación (aplanamiento del arco) provoca problemas de estrés o sobrecarga en el pie. Los pronadores severos suelen tener pies inestables por la flexibilidad de las estructuras debido al repetido estrés al que son sometidos, por lo que el desgaste articular en tobillo y rodilla son mayores. Hay corredores con gran supinación, con lo que el pie se encuentra rotado hacia el exterior. Aunque estos son minoría, tienden a tener pies más rígidos y al no contar con el mecanismo de pronación no pueden absorber el impacto. Por eso están predispuestos a sufrir esguinces de tobillo, fracturas de estrés y dolores de rodilla, e incluso posibles sobrecargas lumbosacras.

¿Cuáles son las zonas del pie que más sufren y cómo pueden tratarse?

Las lesiones más comunes del corredor son: ampollas, uñas encarnadas, rozaduras y hematomas subungueales, tendinopatías y sobrecargas.

Para evitar sobrecargas y tendinopatías es aconsejable realizarnos un estudio de la pisada con nuestro podólogo. Si la pisada no es la más adecuada, se encargará de aconsejarnos unas plantillas (ortesis plantares) con zapatilla neutra. Y si existe cualquier patología previa, es necesario visitar al podólogo para que revise los pies.

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¿Qué debe tener en cuenta un runner al elegir unas zapatillas?

Muchas de las lesiones se producen por una mala elección de la zapatilla o por su mala utilización. Las zapatillas deben contener ciertas características imprescindibles:
• Contrafuerte rígido que proporcione al pie estabilidad durante la carrera.
• Flexibilidad en la zona de antepié: la zapatilla debe doblarse exclusivamente debajo de los dedos. En el mediopié la suela debe ser rígida.

La zapatilla, en conclusión, debe ofrecer una buena protección al roce, el tejido debe ser transpirable para que la sudoración no debilite la piel y debe ser resistente al desgaste y la abrasión del terreno. La zapatilla será más o menos ligera en función del entrenamiento.

¿Hay superficies sobre las que es más recomendable correr?

Un terreno será mejor o peor para nuestro cuerpo en función a la dureza y la absorción de impacto. Un terreno aconsejable serían los caminos de tierra, ya que existe absorción de impacto y cierta dureza en el suelo para mantener la estabilidad. Los terrenos naturales son los ideales para la carrera siempre y cuando no haya desnivel o un exceso de piedras por la irregularidad del pie ante el apoyo. La hierba no sería desaconsejable gracias al pequeño impacto que reciben nuestros ligamentos y músculos, aunque dificulta su uso por la escasez del terreno.

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¿Sobre qué superficies es desaconsejable correr?

El asfalto, las aceras y la arena de la playa son las más desaconsejables para un entrenamiento habitual, ya que aumentan el riesgo de lesión. Las aceras son las superficies más duras y no tienen absorción de impacto, ya que todo lo absorbe la pierna y el pie. Las pistas de cemento también son muy agresivas para la carrera. El asfalto, aunque tiene capacidad de deformidad, es mínima y no es suficiente para la carrera ya que, debido a la sobrecarga muscular, puede provocarnos tendinopatías.

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Esperamos haber podido ayudar un poco a los principiantes.Os dejamos algún link que también os puede ser de ayuda.

https://farmarunning.wordpress.com/2015/02/23/a-que-esperas-para-empezar-a-correr/

https://farmarunning.wordpress.com/2015/04/16/hiperhidrosis-o-exceso-de-sudor/

https://farmarunning.wordpress.com/2015/06/15/protegete-runner/

EL EQUILIBRIO EMPIEZA EN LOS PIES

El cuerpo  es una estructura en evolución constante o adaptación  al medio,y justamente esa evolución la ha llevado a adoptar una  posición erguida usando como base de sustento los pies y a desplazarse gracias a ellos. Se dice que en la evolución del hombre,la posición bípeda ayudo a desarrollar más la inteligencia, y en esa evolución ,los pies tuvieron que asumir un rol importante: sostenernos ,ampliar nuestro horizonte y liberar a las manos.

Los pies tienen además de la  misión de mantenernos  sobre suelos irregulares y amortiguar los impactos  privados parcialmente de sus posibilidades por culpa de un calzado no siempre racional.

Para ello, la anatomía del pie tiene absorve cargas sin perdida de eficacia mecánica. Por eso el pie tiene partes que no tocan al suelo,que están «equilibradas» sobre el talón y las articulaciones de los metatarsianos  con los dedos.

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Realmente los pies son  estructuras de una precisión insuperable, y cualquier deficiencia mecánica de ellos provoca de forma directa daños,muchas veces irreversibles,sobre el cuerpo.

Las piernas sirven para desplazarnos y sostener el 70% del peso corporal, sobre una articulación esférica (la cabeza del fémur), y por tanto mecánicamente muy inestable.

Sobre estas cabezas femorales,los huesos que forman la pelvis, la cual sirve de asiento a una parte muy delicada: la columna vertebral , para lo que necesitan la ayuda de grandes músculos.

Por tanto,cualquier anomalía de los pies o las piernas,por pequeña que sea,y aunque no duela, está afectando seriamente a nuestros discos vertebrales.

Pretendemos llamar la atención sobre algo tan frecuentemente olvidado,cuyo desajuste mecánico nos va a condicioniar mucho la calidad de vida cuando el cuerpo pierde la elasticidad de la juventud.

Tenemos obligación de informar y decir: «no espere a tener dolor» , el dolor es la forma que el cuerpo tiene de decirnos :»ya no puedo mas» , y por tanto,cuando se presenta,según la edad de la persona,puede ser irreversible y va a condicionar una serie de de cambios posturales involuntarios como mecanismo de protección que irán desencadenando nuevos problemas a corto o largo plazo.

Pensemos que cada articulación,cada pieza, cada músculo,cada ligamento tiene una misión propia e insustituible, que  participa activamente del equilibrio global. No somos un conjunto de piezas sin relacion de unas sobre otras, somos biomecánicamente  una estructura complicada e Inter-relacionada.

Los avances técnicos permiten » ver» problemas antes de que duelan, es decir,antes de que dañen a la estructura,para la que desgraciadamente, no tenemos piezas de recambio originales.

En cualquier área de la medicina,siempre ha funcionado mejor la prevención que la curación.

Gracias a la prevención se alcanzan expectativas de vida cada  vez mas altas,y debemos contribuir a evitar lesiones,para que , ya que vivimos más, podamos disfrutar de ese regalo. Y todos sabemos que cuando hay dolor,por pequeño que sea, compromete seriamente a la felicidad.images (44)

Unos pies sanos nos favorecen los desplazamientos, la relación personal, el ejercicio, el ocio…..mientras que una alteración de nuestros apoyos nos permite ver muchos especialistas, conocer muchos hospitales, saber que es un antiinflamatorio…..

La planta de los pies está protegida por un tejido graso a modo de neumático para que el hueso no reciba la presión directa del suelo. Además tiene terminaciones nerviosas y sensitivas que nos informan de manera constante sobre las características del suelo y del peso soportado. Cuando en alguna zona de la planta el peso es mayor al tolerado, la piel nos avisa con dolor o con la aparición de callosidades. Esta información de carga también es transmitida a los músculos, que aumentan su tensión para reducirla, modificando el apoyo. Por este motivo, cuando aparecen zonas de callosidad en la planta, no deben manipularse o aplicar callicidas, sino estudiar porque se han formado y ofrecer una solución correcta, que puede ir desde una plantilla hasta un calzado adecuado o unos ejercicios específicos.

fig:Cuando las cargas recibidas por el pie no son las adecuadas, se modifica la postura de forma inconsciente

Gracias a este sistema de amortiguación elástico, podemos desde mantenernos de pie en superficies irregulares, hasta saltar enérgicamente, sometiéndolos a esfuerzos que en ocasiones pueden suponer hasta diez veces nuestro peso. Para que el esqueleto sea resistente a la vez que ligero, los huesos tienen en su interior una serie de mallas que les quitan peso y los hacen más resistentes,
Las articulaciones se mantienen estables gracias a un complejo sistema de cápsulas y ligamentos, además de la fuerza de los músculos. Para poder soportar las cargas ,las torsiones y los desplazamientos , sus superficies están recubiertas de cartílago, que por su contenido en agua y carencia de terminaciones nerviosas sensitivas son capaces de hacer las funciones de amortiguación y disminución de la sensación dolorosa.
Con la edad, este cartílago va perdiendo agua y se va volviendo cada vez más duro ,por lo que muchas veces, las alteraciones del equilibrio, no resultan dolorosas hasta que con el tiempo ,por fatiga mecánica, el cartílago se ha adelgazado y se inicia su desgaste y la deformidad de la articulación.
Los músculos, en cambio, están formados por tejidos elásticos y que actúan sobre las piezas óseas con la tensión suficiente para producir movimientos y además ayudan a mantener el equilibrio .Por eso, cuando hay alteraciones en los pies, el cuerpo se desequilibra y el músculo debe trabajar más, fatigándose y apareciendo signos de dolor o sobrecargas, como las tendinitis.


fig: las articulaciones permiten el movimiento de las palancas y amortiguan los impactos.

En ocasiones, las piernas pueden resultar desiguales , los pies también pueden presentar deformidades, muchas veces de carácter hereditario, como aumentos o disminuciones de arcos ( lo que llamamos pies cavos y pies planos), Desplazamientos laterales como los valguismos. Cuando ocurre esto, el pie no ofrece un soporte adecuado a la pierna haciendo que la rodilla , la cadera o la columna no trabajen de forma correcta. Por ello cuando hay una alteración en los apoyos que no se trata a tiempo , puede desencadenar una artrosis a distancia, que frecuentemente cursa sin dolor ,hasta que el cartílago se ha degradado.

Normalmente la persona joven tiene suficiente elasticidad y recursos como para cambiar su forma de caminar ante la presencia de una sobrecarga,s in darse cuenta de ello, hasta que cuando pierde elasticidad o fuerza, empieza a notar dolor. Entonces nos encontramos con un desequilibrio antiguo, crónico, y muchas veces con una lesión de difícil “reparación” .Cuando se detecta un desequilibrio, se compensa con soportes o plantillas y con ejercicios adecuados, para evitar que la estructura sufra y que con los años aparezcan lesiones por fatiga mecánica de difícil solución.

Para estos casos, una plantilla bien confeccionada, no es solo un apoyo para el pie, sino un soporte para el cuerpo.

Nosotros hemos de cuidar nuestros pies.

Este artículo ha sido extraído de los consejos que ofrece Martín Rueda en su «Centre d´estudis del Peu», un centro que cuida a los depotistas del CAR de Sant Cugat o a los jugadores del Barça entre otros.