Menopausia y running: cómo adaptar tu entrenamiento a esta nueva etapa

Si llevas años corriendo, probablemente hayas pasado por momentos en los que tu cuerpo respondía de una determinada manera al entrenamiento y sabías perfectamente qué esperar de él. Pero llega un momento en el que algo cambia.
En Farmarunning ya hemos hablado de los beneficios del ejercicio durante la menopausia. Pero una cosa es hablar de actividad física en general y otra muy distinta es preguntarnos qué ocurre cuando una mujer que corre habitualmente atraviesa esta etapa. ¿Hay que modificar los entrenamientos? ¿Qué ocurre con la recuperación? ¿Y con los sofocos, el suelo pélvico o la fuerza? En este artículo nos centramos precisamente en esa relación entre menopausia y running.
Quizá un entrenamiento que antes hacías sin problemas ahora te deja más cansada. Tal vez duermes peor, notas más calor mientras corres, necesitas más tiempo para recuperarte o tienes la sensación de que tu rendimiento ya no responde igual.
Y entonces aparece una pregunta bastante habitual entre las corredoras:
¿Es la menopausia la que está haciendo que me cueste más correr?
La respuesta no es tan sencilla como decir que la menopausia empeora automáticamente el rendimiento. Pero sí es cierto que la transición hacia la menopausia puede producir cambios que afectan al descanso, la recuperación, la composición corporal, la termorregulación, la salud ósea, el suelo pélvico y la percepción del esfuerzo.
Por eso, más que dejar de correr o asumir que necesariamente tienes que entrenar menos, lo importante es aprender a adaptar el entrenamiento a tu nueva situación.
Y esto puede empezar incluso antes de que llegue la menopausia.
Perimenopausia y menopausia: no es lo mismo
Cuando hablamos de menopausia muchas veces imaginamos un momento concreto. Sin embargo, el proceso es más amplio.
La perimenopausia es la etapa de transición en la que comienzan a producirse cambios hormonales y pueden aparecer alteraciones del ciclo menstrual y síntomas como sofocos, cambios en el sueño, modificaciones del estado de ánimo o mayor sensación de cansancio.
La menopausia se establece cuando han transcurrido 12 meses consecutivos sin menstruación. A partir de entonces comienza la etapa posmenopáusica.
Para una corredora, esto es importante porque los cambios pueden empezar a notarse antes de que desaparezca definitivamente la menstruación.
Es decir, si llevas un tiempo preguntándote por qué algunos entrenamientos te cuestan más, por qué duermes peor o por qué necesitas más recuperación, no siempre tienes que esperar a que llegue la menopausia para prestar atención a estos cambios.
¿Por qué correr puede sentirse diferente durante la menopausia?
Correr sigue siendo correr. Lo que puede cambiar es la respuesta de tu organismo.
Los cambios hormonales propios de esta etapa pueden coincidir con modificaciones en el sueño, la temperatura corporal, la composición corporal y la recuperación. Y todos estos factores tienen una relación directa con cómo afrontamos el entrenamiento.
Por ejemplo, dormir mal una noche puede hacer que un rodaje aparentemente sencillo se perciba mucho más duro. Si además acumulas varias noches de descanso deficiente, la recuperación entre entrenamientos puede verse comprometida.

También pueden aparecer sofocos o una mayor dificultad para tolerar el calor. Para una corredora esto es especialmente relevante, porque correr ya supone una producción importante de calor corporal.
Y hay otro aspecto que a veces pasa desapercibido: la percepción del esfuerzo puede cambiar.
No significa necesariamente que hayas perdido toda tu capacidad para correr. Significa que quizá el entrenamiento que antes encajaba perfectamente con tu capacidad de recuperación ya no sea la mejor opción todos los días.
Por eso, durante esta etapa tiene mucho sentido dejar de pensar únicamente en kilómetros, ritmos y tiempos y empezar a observar también cómo estás llegando a cada entrenamiento.
Menopausia no significa dejar de correr
Este es probablemente el mensaje más importante.
La menopausia no es una contraindicación para correr.
De hecho, mantener una vida físicamente activa puede aportar numerosos beneficios durante esta etapa. El ejercicio contribuye al mantenimiento de la salud cardiovascular, ayuda a preservar la masa muscular, favorece la salud ósea y puede mejorar aspectos como el sueño y el bienestar psicológico.
Pero correr no debería ser la única herramienta.
Una corredora puede tener una planificación perfecta de kilómetros y series y, sin embargo, estar dejando de lado uno de los elementos más importantes para mantenerse activa con el paso de los años: el entrenamiento de fuerza.
Y aquí está uno de los grandes cambios que merece la pena introducir.
Fuerza: correr no debería ser suficiente
Si has corrido durante años, es posible que hayas dedicado muchísimas horas a correr y muy pocas a levantar peso.
Durante la menopausia, el entrenamiento de fuerza adquiere todavía más importancia.

El objetivo no es convertirte en culturista ni sustituir tus kilómetros por sesiones interminables en el gimnasio. Se trata de proporcionar al músculo y al hueso un estímulo diferente al que proporciona el running.
Trabajar piernas, glúteos, espalda y zona abdominal puede ayudarte a mantener la capacidad funcional, la fuerza y la estabilidad necesarias para seguir corriendo.
Además, el trabajo de fuerza puede formar parte de una estrategia para reducir el riesgo de algunas lesiones relacionadas con la pérdida de fuerza o con una menor capacidad de recuperación.
Por eso, si eres corredora y estás atravesando la menopausia, quizá la pregunta no debería ser “¿tengo que correr menos?”, sino también:
“¿Estoy haciendo suficiente fuerza?”
La salud ósea merece una atención especial
Durante la transición menopáusica y después de ella, la salud ósea adquiere una importancia especial.
El running es una actividad con impacto y, en mujeres sanas, forma parte de las actividades que someten al hueso a carga. Sin embargo, correr por sí solo no garantiza una adecuada salud ósea.
El entrenamiento de fuerza y otros ejercicios adaptados pueden complementar el trabajo cardiovascular.
Además, si existe osteoporosis, osteopenia importante, antecedentes de fracturas por fragilidad u otros factores de riesgo, el planteamiento del ejercicio debe individualizarse.
No se trata de tener miedo al impacto. Se trata de conocer la situación de cada persona y adaptar el entrenamiento cuando sea necesario.
Sofocos, calor y running: escucha a tu cuerpo
Hay corredoras que durante la menopausia empiezan a notar que toleran peor el calor.

Un entrenamiento que antes realizaban a una determinada hora puede convertirse en una experiencia completamente diferente cuando aparecen sofocos o una mayor sensibilidad a las temperaturas elevadas.
En estos casos, cambiar el horario de entrenamiento, buscar zonas con sombra, reducir la intensidad cuando las condiciones ambientales lo aconsejen y prestar atención a la hidratación puede marcar una diferencia importante.
Y aquí aparece también un aspecto especialmente interesante desde el punto de vista de la salud: la medicación.
Algunos medicamentos pueden influir en la regulación de la temperatura, la sudoración o la respuesta cardiovascular y, por tanto, pueden aumentar el riesgo asociado al ejercicio con calor.
Por eso, si tomas medicación de forma habitual y notas que toleras peor el calor durante tus entrenamientos, no modifiques ni suspendas ningún tratamiento por tu cuenta. Es mejor consultar con un profesional sanitario.
En Farmarunning hablamos precisamente de la relación entre determinados medicamentos y el riesgo de golpe de calor en corredores en nuestro artículo sobre golpe de calor y medicación.
Recuperar también forma parte del entrenamiento
Durante años se ha transmitido una idea muy sencilla: para mejorar hay que entrenar más.
Pero el entrenamiento no termina cuando paras el reloj.
El descanso, el sueño, la alimentación y la recuperación forman parte del proceso. Y durante la menopausia puede ser especialmente importante prestar atención a estos factores.
Si una semana has dormido mal, estás atravesando una época de mucho estrés y además acumulas entrenamientos intensos, quizá el problema no sea que necesites esforzarte todavía más.
Quizá necesitas recuperar mejor.
Esto es lo que conocemos como entrenamiento invisible: todo aquello que sucede alrededor del entrenamiento y que condiciona nuestra capacidad para adaptarnos a él.
Puedes profundizar en este concepto en nuestro artículo sobre entrenamiento invisible.
¿Y qué ocurre con el suelo pélvico?
Este es otro aspecto que una corredora no debería ignorar.
El impacto repetido del running puede poner a prueba el suelo pélvico y algunas mujeres pueden experimentar pérdidas de orina durante la carrera, al saltar o al realizar determinados esfuerzos.

La menopausia puede añadir otros factores relacionados con los cambios hormonales de esta etapa.
Pero hay algo importante que debemos dejar claro:
tener pérdidas de orina al correr no debería considerarse simplemente “normal porque estás en la menopausia”.
Es un síntoma que merece ser valorado.
El entrenamiento específico del suelo pélvico y, cuando sea necesario, la valoración por fisioterapia especializada pueden ayudar a determinar qué está ocurriendo y qué estrategia es la más adecuada.
En Farmarunning puedes encontrar más información sobre este tema en nuestro artículo sobre deporte e incontinencia urinaria.
Alimentación, hidratación y recuperación: el triángulo que no debes olvidar
Correr durante la menopausia tampoco significa que tengas que hacer una dieta restrictiva para intentar compensar los cambios de peso o de composición corporal.
De hecho, obsesionarse con reducir calorías puede ser contraproducente si al mismo tiempo estamos entrenando.
Una alimentación suficiente y equilibrada debe aportar energía y nutrientes necesarios para entrenar, recuperar y mantener la masa muscular.
La proteína adquiere especial relevancia dentro de una alimentación adecuada, pero también son importantes los hidratos de carbono, las grasas saludables, las vitaminas y los minerales.
Y, por supuesto, la hidratación.
No deberíamos esperar a tener sed intensa para empezar a prestar atención a la hidratación, especialmente cuando entrenamos con temperaturas elevadas o sudamos mucho.
Si quieres profundizar en la alimentación relacionada con el running de resistencia, puedes consultar nuestra guía sobre nutrición en deportes de resistencia.
¿Tengo que correr más despacio después de la menopausia?
No existe una respuesta universal.
No todas las mujeres experimentan los mismos cambios y no todas parten del mismo nivel de entrenamiento, edad, historial deportivo, composición corporal, sueño o estado de salud.
Por eso, no tiene sentido establecer una regla que diga que a partir de determinada edad una mujer debe correr necesariamente a un determinado ritmo.
Puede que tu ritmo cambie.
Puede que necesites más recuperación.
Puede que tus mejores marcas ya no sean las mismas.
Pero también puede ocurrir que sigas disfrutando de entrenamientos exigentes, que mejores en determinadas distancias o que descubras que eres capaz de hacer cosas que nunca habías intentado.
El objetivo no tiene por qué ser correr como cuando tenías 30 años.
El objetivo puede ser seguir corriendo bien con el cuerpo que tienes hoy.
Y eso requiere conocerlo y escucharlo.
Adaptar el entrenamiento no significa renunciar a mejorar
Una de las mayores equivocaciones sería pensar que adaptar el entrenamiento significa bajar los brazos.
No.
Significa entrenar de una forma más inteligente.
Habrá días en los que puedas hacer una sesión intensa y otros en los que un rodaje suave sea la mejor elección. Habrá semanas en las que puedas aumentar la carga y otras en las que necesites reducirla.
También puede ser interesante evitar acumular demasiados estímulos exigentes sin suficiente recuperación.
Y, sobre todo, conviene observar las señales que se repiten.
Una mala sesión aislada no significa nada.
Pero si durante varias semanas notas cansancio persistente, alteraciones importantes del sueño, disminución mantenida del rendimiento, dolor recurrente, pérdidas de orina, mareos, palpitaciones u otros síntomas que te preocupan, merece la pena consultar con un profesional sanitario.
No todo lo que ocurre durante la menopausia debe atribuirse automáticamente a las hormonas.
No compares tu cuerpo actual con el de hace diez años
Quizá esta sea la parte menos relacionada con la fisiología y, al mismo tiempo, una de las más importantes.
Muchas corredoras llegan a la menopausia intentando entrenar exactamente igual que hace diez o quince años.
Y cuando el cuerpo no responde de la misma manera, sienten que han fracasado.
Pero tu cuerpo no tiene por qué responder igual a los 50 que a los 35.
Eso no significa que sea peor.
Significa que es diferente.
Puedes necesitar más recuperación, incorporar fuerza, prestar más atención al sueño o modificar los horarios de entrenamiento. Y todo eso puede formar parte de una evolución deportiva perfectamente válida.
La pregunta no debería ser:
“¿Por qué ya no puedo hacer lo mismo que antes?”
Quizá sea mucho más útil preguntarse:
“¿Qué necesita mi cuerpo ahora para poder seguir corriendo?”
Menopausia y running: una nueva etapa, no el final del camino
La menopausia no debería marcar el final de la relación de una mujer con el running.
Puede ser, de hecho, una oportunidad para revisar cómo entrenamos.
Para dejar de medirlo todo únicamente en kilómetros.
Para incorporar fuerza.
Para cuidar más el descanso.
Para aprender a gestionar mejor el calor.
Para prestar atención al suelo pélvico.
Para revisar nuestra alimentación.
Y también para aceptar que mejorar no siempre significa correr más rápido.
La menopausia no implica automáticamente entrenar menos. Implica individualizar mejor.
Si sigues corriendo durante esta etapa, escucha a tu cuerpo, adapta lo que sea necesario y no tengas miedo de modificar tu planificación.
Porque correr después de los 50 no tiene por qué consistir en intentar recuperar a la corredora que eras.
Puede consistir en descubrir la corredora que puedes ser ahora.
FAQ sobre menopausia y running
¿Se puede correr durante la menopausia?
Sí. La menopausia no significa que haya que dejar de correr. En la mayoría de las mujeres, el running puede continuar formando parte de un estilo de vida activo. Lo importante es adaptar el entrenamiento a las condiciones individuales, teniendo en cuenta la recuperación, la fuerza, el sueño, la tolerancia al calor, la salud ósea y cualquier síntoma que pueda aparecer durante esta etapa.
¿Hay que correr menos durante la menopausia?
No necesariamente. No existe una cantidad de kilómetros que todas las mujeres deban reducir al llegar a la menopausia. Algunas pueden mantener su volumen de entrenamiento y otras necesitarán modificarlo temporalmente. La clave está en observar cómo responde el cuerpo y ajustar la intensidad, el volumen y los días de recuperación cuando sea necesario.
¿La menopausia puede afectar al rendimiento al correr?
Puede hacerlo de forma indirecta y diferente en cada mujer. Los cambios hormonales pueden coincidir con alteraciones del sueño, sofocos, cambios en la composición corporal, mayor dificultad para tolerar el calor o una recuperación diferente. Todo ello puede hacer que determinados entrenamientos se perciban como más exigentes, aunque no significa que la pérdida de rendimiento sea inevitable.
¿Es importante hacer entrenamiento de fuerza si corro durante la menopausia?
Sí. El entrenamiento de fuerza es un complemento especialmente interesante para las corredoras durante esta etapa, ya que ayuda a mantener la masa y la función muscular y contribuye al mantenimiento de la salud ósea. No se trata de sustituir el running, sino de combinar el trabajo cardiovascular con estímulos de fuerza adecuados.
¿Qué hacer si tengo pérdidas de orina al correr durante la menopausia?
Las pérdidas de orina durante el running no deberían asumirse simplemente como una consecuencia inevitable de la menopausia. Pueden estar relacionadas con el suelo pélvico y merece la pena valorarlas, especialmente si son frecuentes o han aparecido recientemente. Un profesional sanitario, y particularmente un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico, puede valorar la situación y recomendar el tratamiento o entrenamiento más adecuado.
Menopausia y running: una nueva etapa, no el final del camino
La menopausia no debería marcar el final de la relación de una mujer con el running.
Puede ser, de hecho, una oportunidad para revisar cómo entrenamos.
Para dejar de medirlo todo únicamente en kilómetros. Para incorporar fuerza. Para cuidar más el descanso. Para aprender a gestionar mejor el calor. Para prestar atención al suelo pélvico. Para revisar nuestra alimentación.
Y también para aceptar que mejorar no siempre significa correr más rápido.
La menopausia no implica automáticamente entrenar menos. Implica individualizar mejor.
Si sigues corriendo durante esta etapa, escucha a tu cuerpo, adapta lo que sea necesario y no tengas miedo de modificar tu planificación.
Porque correr después de los 50 no tiene por qué consistir en intentar recuperar a la corredora que eras.
Puede consistir en descubrir la corredora que puedes ser ahora.











































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