Ciclo menstrual y running tienen más relación de la que solemos pensar. Dos corredoras pueden hacer exactamente el mismo entrenamiento, el mismo día de la semana, con la misma planificación sobre el papel, y sentirlo de forma completamente distinta según en qué momento de su ciclo se encuentren. No es algo anecdótico ni «cosas de cada una»: es fisiología. Y sin embargo, es una variable que casi nunca se tiene en cuenta al planificar un entrenamiento, probablemente porque durante décadas la ciencia del deporte se ha investigado casi exclusivamente en hombres.
De hecho, muchas corredoras han normalizado sentir que «un día rinden mejor y otro peor» sin llegar a relacionarlo con el ciclo, simplemente porque nadie se lo ha explicado en esos términos. No se trata de un fallo de atención por su parte, sino de un vacío histórico en cómo se ha entrenado y divulgado el entrenamiento femenino.
Este artículo no pretende darte una fórmula cerrada de «en esta fase entrena así». La evidencia todavía es limitada y la variabilidad entre mujeres es muy alta. Lo que sí puede ayudarte es entender qué está pasando en tu cuerpo a lo largo del ciclo, qué patrones aparecen con más frecuencia en los estudios disponibles y cómo usar esa información sin convertirla en una norma rígida.

Por qué este tema se ha explicado tan poco hasta ahora
La investigación en fisiología del ejercicio ha usado históricamente muestras mayoritariamente masculinas, en parte porque las fluctuaciones hormonales femeninas se consideraban una «variable incómoda» que complicaba los diseños de estudio. El resultado es que muchas recomendaciones de entrenamiento que se dan por generales en realidad se han validado casi exclusivamente en hombres.
En los últimos años esto está cambiando, y cada vez hay más estudios centrados específicamente en deportistas mujeres. Pero conviene ser honestas con el estado actual del conocimiento: hay más preguntas resueltas que hace diez años, aunque todavía queden bastantes por resolver.
Las fases del ciclo, explicadas para corredoras
Sin entrar en el detalle hormonal completo, para entender el resto del artículo basta con distinguir cuatro momentos:

Fase menstrual (los días de sangrado). El estrógeno y la progesterona están en sus niveles más bajos.
Fase folicular (justo después de la menstruación, hasta la ovulación). El estrógeno va subiendo progresivamente.
Ovulación (a mitad de ciclo, aproximadamente). Pico de estrógeno y de hormona luteinizante.
Fase lútea (desde la ovulación hasta la siguiente menstruación). Sube la progesterona, y con ella la temperatura corporal basal.
La duración exacta de cada fase varía de una mujer a otra, y también de un ciclo a otro en la misma persona, lo cual es otro motivo para no aplicar reglas demasiado rígidas.
Qué se sabe (y qué no) sobre el rendimiento en cada fase
Algunos estudios apuntan a que, durante la fase folicular, cuando el estrógeno está más alto y la progesterona más baja, algunas mujeres toleran mejor los entrenamientos de alta intensidad y perciben el esfuerzo como algo menos costoso. En cambio, durante la fase lútea, es más frecuente que se describa una mayor sensación de fatiga, peor calidad de sueño o una percepción del esfuerzo más alta para la misma carga real de trabajo.

Dicho esto, hay que ser prudentes con estas generalizaciones. La respuesta individual varía muchísimo: hay mujeres que no notan diferencias apreciables entre fases, y otras para las que el patrón es muy marcado. Ni el rendimiento cae de forma dramática en la fase lútea para todo el mundo, ni la fase folicular garantiza automáticamente mejores marcas. Tratar estas tendencias como leyes fijas sería tan poco riguroso como ignorarlas por completo.
Esto tampoco tiene que ver con la anemia del deportista ni con la tríada de la deportista, dos situaciones distintas y bastante más serias en las que el ciclo menstrual se ve alterado por pérdidas de hierro elevadas o por un desequilibrio energético mantenido. Aquí hablamos de fluctuaciones normales dentro de un ciclo que funciona con regularidad.
Sí, la hidratación y la temperatura corporal también cambian
Uno de los cambios mejor documentados es el aumento de la temperatura corporal basal durante la fase lútea, de entre 0,3 y 0,5 grados aproximadamente. No parece mucho, pero puede traducirse en una sensación de calor añadida al correr, especialmente en días ya de por sí calurosos, y en una ligera mayor necesidad de reponer líquidos.
Si sueles notar que ciertos días te cuesta más regular la temperatura corriendo, puede ser útil anotar en qué fase del ciclo estabas: es un patrón que, si se repite, merece tenerse en cuenta a la hora de planificar la hidratación de esas sesiones.

El sueño, otra pieza que se mueve con el ciclo
La subida de progesterona en la fase lútea también se ha relacionado con una peor calidad de sueño en algunas mujeres: más despertares nocturnos o una sensación de sueño menos reparador, aunque se dediquen las mismas horas a dormir. Y como ya hemos visto en nuestro contenido sobre sueño y rendimiento, dormir peor tiene un efecto directo sobre cómo se percibe el esfuerzo al día siguiente.
Esto significa que, si en la fase lútea notas que te cuesta más entrenar, no siempre es «el ciclo» actuando de forma directa sobre el músculo: en muchos casos es el sueño, afectado indirectamente por el ciclo, el que está detrás de esa sensación.
Cómo puedes usar esta información sin obsesionarte
La forma más práctica de aprovechar todo esto no es aplicar una regla genérica, sino observar tu propio patrón durante dos o tres meses. Anotar en una app o en un diario de entrenamiento en qué fase del ciclo estás, junto con cómo te has sentido en cada sesión, permite identificar si existe un patrón personal claro o si, simplemente, tu rendimiento no varía de forma apreciable con el ciclo.
Si detectas un patrón, puedes usarlo a tu favor: concentrar las sesiones más exigentes en los días en que sueles sentirte mejor, y ser más flexible con la intensidad en los días en que sueles notar más fatiga. Esto no es debilidad ni es «hacer menos»: es entrenar con la información real que tiene tu cuerpo, en lugar de con un calendario genérico pensado sin tenerlo en cuenta.
Cuándo una alteración del ciclo no es solo «cosas del ciclo»
Hay una diferencia importante entre las fluctuaciones normales que hemos descrito y una alteración real del ciclo. Si el periodo desaparece durante varios meses seguidos en el contexto de un entrenamiento exigente, si las menstruaciones son cada vez más abundantes y aparece fatiga persistente, o si notas síntomas como mareos o palpitaciones que no tenías antes, esas situaciones sí merecen valoración profesional y pueden estar relacionadas con la tríada de la deportista o con una anemia ferropénica, dos temas que ya tratamos con detalle en Farmarunning.
Conclusión
El ciclo menstrual es una variable fisiológica más, como el sueño o la hidratación, que puede influir en cómo se siente un mismo entrenamiento de un día para otro. No hace falta convertirlo en una ciencia exacta ni en una excusa: basta con conocerlo, observarlo en tu propio caso y usarlo como una herramienta más para entrenar con criterio.
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