Picaduras de insectos en entrenamientos al aire libre: por qué te pican más…

Vas a mitad de tu tirada larga, la respiración marca un ritmo constante y, de repente, un pinchazo en la pantorrilla. Miras hacia abajo: un mosquito, una avispa o, peor, no ves nada y solo queda el picor. En cuestión de segundos, esa concentración que llevabas cuidando durante kilómetros se rompe.
Sudar, respirar fuerte y llevar la piel expuesta convierte a cualquier persona que entrena al aire libre en un objetivo mucho más atractivo para los insectos que alguien sentado a la sombra. No es mala suerte: es biología. Y la buena noticia es que se puede anticipar.
En este artículo repasamos qué insectos te vas a encontrar con más frecuencia en tus entrenamientos, por qué te pican más cuando corres, cómo prevenir la picadura antes de salir de casa y qué hacer paso a paso si ya te ha pasado, para que ninguna picadura tenga la última palabra sobre tu sesión.
¿Por qué te pican más cuando entrenas al aire libre?
No es casualidad que salgas de correr con más picaduras que la persona que ha pasado la tarde leyendo en la terraza. Los mosquitos localizan a sus víctimas siguiendo un rastro químico muy concreto: el dióxido de carbono que exhalamos, el calor corporal y ciertos compuestos del sudor, entre ellos el ácido láctico.
Correr activa los tres a la vez. Respiras más rápido y expulsas más CO2, tu temperatura corporal sube y empiezas a sudar. Cuanto más largo o más intenso sea el entrenamiento, más señales emites, y más fácil se lo pones al mosquito para encontrarte.
Un estudio publicado en 2022 en la revista Cell por el equipo de Leslie Vosshall en la Universidad Rockefeller identificó además que ciertos ácidos grasos que libera la piel hacen que unas personas resulten mucho más atractivas para los mosquitos que otras, de forma estable a lo largo de los años. El trabajo se centró en el mosquito Aedes aegypti, así que no podemos extrapolarlo punto por punto a todas las especies presentes en España, pero confirma un principio que sí aplica en general: la química de tu piel importa tanto como el entorno.
Hay un factor más que sí depende de ti: el color de la ropa. Varios estudios, entre ellos uno de la Universidad de Florida, muestran que los mosquitos sienten más atracción por los tonos oscuros, especialmente el negro, porque absorben más calor y son más fáciles de detectar a la vista. Para tus entrenamientos de verano, esto es un motivo más (junto a la parte térmica) para decantarte por ropa técnica de colores claros.
Los insectos que más te vas a encontrar entrenando al aire libre
No todos los insectos que pican en tus rutas se comportan igual, ni pican por el mismo motivo, ni requieren la misma respuesta. Conocer al que tienes delante te ayuda a reaccionar mejor.

Mosquito común y mosquito tigre: no pican igual ni a la misma hora
El mosquito común es el que todos conocemos: más activo al atardecer y durante la noche, justo las franjas horarias que muchos corredores eligen para escapar del calor.
El mosquito tigre (Aedes albopictus) cambia las reglas. Presente en España desde 2004 y en expansión por buena parte de la costa mediterránea, Cataluña, Levante, Baleares y Andalucía, este mosquito puede picar también durante el día, con preferencia por las horas de menos sol directo y por las zonas bajas del cuerpo como tobillos y pantorrillas, ya que vuela cerca del suelo. En España no se han registrado brotes autóctonos relevantes de las enfermedades que puede transmitir en otras regiones, pero su expansión hace que la prevención ya no pueda limitarse a «evitar salir al anochecer».
Avispas y abejas: el susto veraniego
Aparecen cerca de flores, papeleras, restos de fruta o zonas de merendero, algo habitual en muchas rutas de running urbanas y de parque. La abeja pica una sola vez y pierde el aguijón; la avispa puede picar varias veces seguidas.
En la mayoría de los casos, la reacción es local: dolor intenso al momento, enrojecimiento y un habón que rara vez supera los 10 centímetros y que remite en pocos días. El verdadero riesgo aparece con picaduras múltiples o cuando la picadura ocurre en el cuello, la boca o la garganta, por el riesgo de inflamación de la vía respiratoria.
Tábanos: la picadura que más duele
El tábano no pica, muerde: sus piezas bucales cortan la piel para alimentarse de sangre, lo que explica que su picadura sea bastante más dolorosa que la de un mosquito o incluso que la de una avispa. Son frecuentes en las horas centrales del día, cerca de zonas húmedas, embalses o ríos, y no dudan en atravesar prendas finas si se posan sobre ti. Si ves uno posado en tu pierna en mitad de una tirada, no esperes: apártalo cuanto antes.
Garrapatas: el riesgo silencioso del trail
Si entrenas por senderos con hierba alta, monte bajo o zonas de matorral, las garrapatas son probablemente el riesgo menos visible y más importante de vigilar. Se adhieren a la piel sin apenas dolor, gracias a un efecto anestésico de su saliva, lo que hace que muchas picaduras pasen desapercibidas.
En España, la enfermedad de Lyme se consideraba tradicionalmente propia del norte peninsular, pero su expansión hacia otras zonas, incluida Baleares, ha llevado a reforzar su vigilancia: según datos del Instituto de Salud Carlos III, las hospitalizaciones por esta enfermedad crecieron un 191 % entre 2005 y 2019. El signo más característico es el eritema migrans, una mancha rojiza que crece de forma progresiva alrededor del punto de la picadura, a veces con un aclaramiento central que le da forma de diana, y que puede acompañarse de fiebre, dolor de cabeza y fatiga.
Cómo prevenir las picaduras antes de salir a entrenar
Elige bien tu repelente

La Organización Mundial de la Salud recomienda repelentes con DEET, icaridina (picaridina) o IR3535 como las opciones con eficacia demostrada. Un matiz importante que conviene tener siempre presente: la concentración del principio activo determina cuánto dura la protección, no lo intensa que es. Un DEET al 10 % protege igual de bien que uno al 50 %; simplemente necesitarás reaplicarlo antes.
Como referencia orientativa:
- DEET 10 %: protección de 2 a 4 horas.
- DEET 20-30 %: protección de 6 a 8 horas.
- DEET 50 %: hasta 12 horas.
- Icaridina al 20 %: alrededor de 8 horas, con buena tolerancia cutánea y sin el olor característico del DEET.
- IR3535: protección algo más corta, entre 6 y 7 horas.
Los repelentes naturales, como la citronela o el aceite de eucalipto limón (PMD), ofrecen protección real pero más corta, por lo que exigen reaplicaciones más frecuentes si vas a entrenar varias horas.
El orden importa: repelente y protector solar
Si entrenas de día, seguramente ya usas protector solar (si no lo haces, es el primer paso, y aquí puedes revisar cómo protegerte como runner de forma integral). El orden de aplicación no es indiferente: el protector solar va primero, y el repelente se aplica encima, dejando pasar entre 20 y 30 minutos. El DEET, en concreto, puede reducir algo la eficacia del filtro solar y no es inocuo para tejidos sintéticos ni plásticos, así que aplícalo siempre en último lugar y evita rociarlo directamente sobre prendas técnicas delicadas.
Ropa y horario: tu primera barrera
- Prendas técnicas de colores claros, mejor que negras o rojas.
- Manga larga ligera y calcetines altos en tramos de trail con vegetación densa, sobre todo si sabes que hay garrapatas en la zona.
- Evita perfumes, colonias o cosméticos con fragancia intensa antes de entrenar en zonas con mucha presencia de insectos.
- Ten en cuenta que «evitar el atardecer» protege frente al mosquito común, pero no es suficiente frente al mosquito tigre ni frente al tábano, activos también de día.
- Si sales a correr al amanecer en zonas húmedas, la actividad de mosquitos suele ser mayor; lo comentamos con detalle en ese artículo. Esto no significa que debas beber menos para sudar menos: reducir tu hidratación para evitar mosquitos sería un error mucho más peligroso que cualquier picadura. Mantén tu pauta habitual y actúa sobre el resto de factores que sí puedes controlar sin riesgo.
- Para quien entrena mucho en el monte, existe la opción de tratar la ropa (nunca la piel) con permetrina. En España su formulación y venta están sujetas a regulación específica, así que consulta en tu farmacia habitual la disponibilidad de fórmulas magistrales autorizadas antes de recurrir a esta opción.
Qué hacer si ya te han picado durante el entrenamiento

Picadura de mosquito o mosquito tigre
Lava la zona con agua y jabón, aplica frío local entre 10 y 20 minutos y, si el picor es molesto, una crema con antihistamínico o hidrocortisona de baja concentración, o un antihistamínico oral. Evita rascarte: es la vía más directa hacia una sobreinfección de la piel.
Picadura de avispa o abeja: cómo actuar paso a paso
- Retira el aguijón solo si es de abeja (la avispa no lo deja clavado). Rasca con el borde de una tarjeta o con la uña, nunca lo pinces con los dedos ni con pinzas: apretar el saco de veneno solo consigue liberar más cantidad.
- Lava la zona con agua y jabón.
- Aplica frío local de 10 a 20 minutos para bajar la inflamación.
- Si el picor es intenso, un antihistamínico oral ayuda; si la inflamación es importante, valora una crema con corticoide.
- Acude a urgencias sin esperar si hay varias picaduras a la vez o si la picadura ha sido en la boca, la garganta o el cuello.
Picadura de tábano: por qué escuece tanto y cómo calmarla
Lava bien la zona y aplica hielo envuelto en un paño para controlar la hinchazón. Los productos con amoniaco son especialmente útiles aquí: neutralizan parte de las sustancias irritantes y calman el picor con rapidez. Vigila la zona los días siguientes, porque al tratarse de una mordedura más profunda que la de un mosquito, el riesgo de infección local es algo mayor.
Garrapatas: revisión y extracción correcta tras el trail
Después de cualquier entrenamiento por zonas de vegetación, dedica un par de minutos a revisarte. Las garrapatas prefieren zonas cálidas y menos visibles: detrás de las rodillas, ingles, axilas, cintura, cuero cabelludo, orejas y entre los dedos de los pies.

Si encuentras una ya adherida, la técnica correcta marca la diferencia:
- Usa unas pinzas de punta fina, nunca los dedos.
- Sujeta la garrapata lo más cerca posible de la piel.
- Tira hacia arriba con tracción suave, firme y constante, sin girar ni retorcer.
- No la aprietes ni la aplastes: si el cuerpo se comprime, aumenta el riesgo de que los patógenos que pueda portar entren en el organismo.
- Olvida los remedios caseros como la vaselina, el alcohol o una cerilla caliente para que «se suelte sola»: no funcionan y pueden aumentar el riesgo de infección.
- Tras retirarla, lava la zona y tus manos con agua y jabón.
Guarda la fecha en la que ocurrió la picadura (una nota en el móvil es suficiente) y vigila la zona durante las semanas siguientes. Si aparece un enrojecimiento que crece, fiebre, dolor de cabeza, fatiga o molestias articulares, consulta con tu médico y menciona el antecedente de la picadura.
Aprovecha ese momento de revisión para cuidar tus pies después de entrenar también: entre los dedos es justo una de las zonas donde una garrapata puede pasar más desapercibida.
Un aviso que no es un insecto: la oruga procesionaria
No es un insecto, sino la larva de una polilla, pero conviene mencionarla porque comparte escenario con muchos corredores de trail: el monte. Entre finales de invierno y la primavera, la oruga procesionaria del pino desciende de los árboles en largas filas y libera al aire unos pelos urticantes capaces de provocar picor intenso, escozor y lesiones rojizas en la piel, incluso sin tocarla directamente. Si tu piel entra en contacto con ellos, retíralos con pinzas (nunca con las manos) y lava la zona con agua fría, sin frotar. Evita también acercarte, tocar o remover los nidos y las filas de orugas durante tus rutas de esta época.
Señales de alarma: cuándo una picadura deja de ser algo banal
La inmensa mayoría de las picaduras se resuelven solas en pocos días. Pero hay señales que requieren atención médica inmediata, sin esperar a ver cómo evoluciona:
- Dificultad para respirar.
- Hinchazón en labios, cara, párpados o garganta.
- Mareo, sensación de desmayo o pérdida de conocimiento.
- Pulso débil y acelerado.
- Urticaria extendida por el cuerpo, náuseas o vómitos.
- Varias picaduras simultáneas de avispa o abeja.
- Picadura en la boca o la garganta.
- Fiebre, sarpullido o dolor articular en las semanas posteriores a una picadura de garrapata.
Si tienes antecedentes de alergia conocida a picaduras de himenópteros (avispas o abejas) y tu médico te ha prescrito un inyectablede adrenalina, llévalo siempre contigo cuando entrenes al aire libre, especialmente en rutas alejadas de un centro de salud.
Tu botiquín de corredor para la temporada de picaduras

Con esto en tu bolsa o en el maletero del coche, vas bastante cubierto para la mayoría de escenarios:
- Repelente de icaridina o DEET en formato spray o roll-on de viaje.
- Pinzas de punta fina para extraer garrapatas.
- Un pequeño gel o compresa fría reutilizable.
- Crema o gel calmante para picaduras (antihistamínico o amoniaco).
- Antihistamínico oral, si tu farmacéutico o médico te lo ha recomendado previamente.
No necesitas llevar todo esto en cada tirada corta por el barrio, pero sí conviene tenerlo a mano en tus salidas largas, en el trail y en cualquier plan que te lleve lejos de una farmacia.
Las picaduras no son el único contratiempo típico de esta época: otro imprevisto habitual del verano, los calambres musculares, también merece tener su protocolo bien aprendido.
Ya lo tienes: ahora sabes qué se te puede acercar en tus entrenamientos, por qué te elige a ti antes que a otro corredor y qué hacer en cada caso. Prepara tu botiquín de picaduras esta misma semana, antes de tu próxima salida larga, y deja que sea el kilómetro, y no el picor, el que decida cómo termina tu entrenamiento.



























































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