CORRER POR LA PLAYA

Correr por la Playa: Beneficios, Riesgos y Cómo Hacerlo sin Lesionarte

Verano, vacaciones y la orilla del mar a pocos metros de casa. Correr por la playa tiene ese punto de plan perfecto: paisaje distinto, aire libre y la sensación de estar haciendo algo diferente a la rutina de asfalto de todo el año.

Pero desde la farmacia lo vemos también desde el otro lado del mostrador. Cada verano llegan consultas por tendones inflamados, ampollas, alguna quemadura solar importante y algún tobillo torcido, casi siempre relacionados con salir a correr por la arena sin haber ajustado nada respecto al entrenamiento habitual.

Correr en la playa no es mejor ni peor que correr en asfalto: es diferente. Y esa diferencia es la que determina cómo, cuándo y con qué calzado deberías hacerlo. En este artículo repasamos qué dice la evidencia sobre el gasto energético en arena, cuáles son las lesiones más habituales, si tiene sentido correr descalzo y cómo proteger tu piel y tu hidratación durante el entrenamiento.

Persona corriendo por la orilla de la playa sobre arena mojada

Por qué correr en arena exige más a tu cuerpo que correr en asfalto

El asfalto es una superficie estable: cada zancada recibe una respuesta previsible del suelo. La arena no. Con cada apoyo, el pie se hunde ligeramente y cede antes de que puedas impulsarte, así que tus músculos tienen que compensar ese hundimiento en cada paso.

Uno de los estudios de referencia sobre el tema, publicado en The Journal of Experimental Biology por Lejeune, Willems y Heglund (1998), comparó la mecánica y el gasto energético de caminar y correr sobre arena frente a hacerlo en superficie dura. Sus resultados mostraron que correr sobre arena puede llegar a exigir hasta 1,6 veces más energía que hacerlo sobre firme. Caminar, curiosamente, sale todavía peor parado, con cifras de hasta 1,8-2,7 veces más gasto energético según distintos trabajos posteriores. Verás la cifra de «2 a 2,5 veces» circular por internet aplicada también a la carrera, pero conviene no mezclarlas: el sobrecoste de correr es menor que el de caminar sobre la misma arena.

¿Qué significa esto en la práctica?:  que un mismo ritmo y la misma distancia en arena suponen bastante más trabajo muscular, sobre todo para los gemelos y para los estabilizadores de tobillo, rodilla y cadera, que tienen que corregir constantemente el equilibrio. Es una de las razones por las que 20-30 minutos en arena pueden dejarte tan cansada o cansado como 45-60 en asfalto.

Beneficios reales de correr por la playa (con matices)

No todo son inconvenientes. Correr en arena tiene ventajas que merece la pena conocer, siempre que las pongas en su contexto:

  • Mayor trabajo muscular y propioceptivo: la superficie inestable obliga a activarse con más intensidad a los gemelos, el sóleo, los glúteos y la musculatura estabilizadora del tobillo y del pie. Esto puede mejorar la propiocepción cuando se introduce de forma progresiva.
  • Menor impacto articular: la arena amortigua mejor que el asfalto, así que el golpe que reciben rodillas y caderas en cada zancada es menor. Ojo: menor impacto no equivale a menor riesgo de lesión, porque ese impacto se traslada en forma de mayor exigencia para tendones y músculos estabilizadores, como veremos en el siguiente apartado.
  • Mayor gasto calórico por minuto: al exigir más energía, un mismo tiempo de entrenamiento en arena quema más calorías que en asfalto.
  • Un extra psicológico, con evidencia todavía limitada pero prometedora: entrenar cerca del mar se relaciona con menor estrés y mejor estado de ánimo, lo que la literatura científica agrupa bajo el concepto de «espacios azules». Una revisión de más de 35 estudios coordinada por ISGlobal encontró beneficios para la salud mental y la promoción de la actividad física asociados a estos entornos, aunque los propios autores señalan que todavía hace falta más investigación con metodología homogénea.

Correr en arena de vez en cuando, como variante puntual dentro de tu planificación, aporta estímulos distintos a los del asfalto. Sustituir todo tu entrenamiento habitual por sesiones en arena, sin más, es donde empiezan los problemas.

Arena mojada o arena seca: no es lo mismo

Arena mojada y compacta, cerca de la orilla: es la opción más recomendable, sobre todo si no estás habituada o habituado a este terreno. El pie se hunde menos, el gasto energético es menor y el riesgo de sobrecarga se reduce, porque se parece bastante más a correr sobre una superficie firme.

Arena seca y suelta: exige mucho más al pie, que se hunde con cada zancada. Aumenta la carga sobre gemelos, sóleo, tendón de Aquiles y fascia plantar. No es mala en sí misma, pero conviene introducirla con moderación y no como base de todos tus entrenamientos en la playa.

Riesgos que conviene conocer antes de calzarte las zapatillas (o no calzártelas)

El desnivel de la orilla: una asimetría que tu cuerpo no espera

La mayoría de las playas tienen cierta inclinación hacia el mar, más o menos pronunciada según la zona. Correr en paralelo a la orilla, con un pie siempre más bajo que el otro, funciona de forma parecida a correr con una pierna ligeramente más corta que la otra: tu cuerpo compensa esa asimetría de forma constante, y esa compensación puede sobrecargar más una cadera, una rodilla o la zona lumbar que la otra.

Un truco sencillo para reducir este efecto es alternar el sentido de la carrera durante el entrenamiento (ida y vuelta), en lugar de recorrer siempre el mismo tramo en la misma dirección.

Lesiones más habituales: tendón de Aquiles, fascitis plantar y esguinces

Un trabajo de Knobloch, Yoon y Vogt (2008) encontró mayor riesgo de tendinopatía de Aquiles en corredores habituados a entrenar sobre arena. A esta lesión se suman otras que aparecen con frecuencia asociadas a correr en la playa: fascitis plantar, esguinces de tobillo por la inestabilidad del terreno y periostitis tibial (el conocido dolor en la cara interna de la tibia). Puedes repasar estas y otras lesiones habituales del running en nuestro diccionario básico de lesiones.

Si tienes antecedentes recientes de esguince de tobillo, fascitis plantar o problemas articulares en rodilla o cadera, la playa no es el mejor lugar para probar límites nuevos.

Comparativa entre correr descalzo y con zapatillas sobre la arena de la playa

Calor y deshidratación: la playa puede engañar

La brisa marina da sensación de frescor, pero la humedad ambiental dificulta que el sudor se evapore con la misma eficacia que en un ambiente seco, así que el cuerpo puede acumular más calor del que parece. A esto se suma que, en muchas playas, ni siquiera hay sombra disponible.

Lleva agua contigo o planifica una ruta donde puedas reponer líquidos, aquí tienes más detalle sobre cómo mantener una buena hidratación como runner .  Y presta atención a los primeros síntomas de un golpe de calor. Si  quieres profundizar en cómo prevenirlo y reconocerlo a tiempo, lo explicamos con detalle en nuestro artículo sobre el golpe de calor en el deportista.

El sol se multiplica en la playa

Esto es algo que en la farmacia repetimos constantemente en verano: la arena y el agua reflejan parte de la radiación solar que reciben, así que la exposición UV total es mayor que la que tendrías, por ejemplo, corriendo en un parque con sombra. Según datos recogidos por Sanitas a partir de las tablas de reflexión UV, la arena seca puede reflejar hasta un 17% de la radiación incidente, frente a apenas un 4% del asfalto (el agua se queda en torno al 5%). Ni las nubes ligeras ni una inmersión ocasional te libran del todo: los rayos UV atraviesan ambas cosas con relativa facilidad.

En cuanto al horario, la AEMET sitúa el pico de radiación UV alrededor del mediodía solar, con las horas de mayor riesgo aproximadamente entre las 11:00 y las 18:00 en los meses de verano en España. Si entrenas junto al mar, conviene ser todavía más estricta o estricto con la protección solar de lo que serías en otro entorno. Le dedicamos un artículo completo a cómo proteger tu piel como runner, con toda la información sobre fotoprotección deportiva.

¿Correr descalzo o con zapatillas? Lo que conviene saber

Correr descalzo por la arena tiene su atractivo: los dedos se clavan en la arena para impulsarte, lo que activa con más intensidad los gemelos, mejora la sensibilidad plantar y puede cambiar ligeramente la técnica de carrera. Es, además, una sensación agradable que muchos runners asocian con la playa.

Sin embargo, la mayoría de especialistas en biomecánica recomiendan precaución con esta práctica, y por buenos motivos:

  • La orilla puede esconder conchas, piedras o restos de madera que aumentan el riesgo de cortes.
  • Sin la referencia visual habitual y sin amortiguación, una torcedura de tobillo por un desnivel inesperado es más probable.
  • Pasar de llevar calzado casi todo el año a correr descalzo de golpe, sin ninguna adaptación previa, es la combinación perfecta para sobrecargar tendones y fascia plantar que no están preparados para ese estímulo.

Si tienes fascitis plantar, has sufrido un esguince de tobillo recientemente, o tienes diabetes con alguna alteración de la sensibilidad en los pies, lo más prudente es no correr descalzo: cualquier herida pequeña puede pasar desapercibida y tardar más en curar de lo habitual, así que conviene revisar los pies a diario.

Para quien quiera probarlo sin estos condicionantes, la recomendación general es introducirlo de forma progresiva: tramos cortos, a baja intensidad, sobre arena mojada y compacta, nunca como sustituto completo del calzado habitual de entrenamiento.

Si prefieres correr con zapatillas, ¿cuáles elegir?

En arena compacta puedes usar tus zapatillas de running habituales sin problema. En arena seca y suelta, es mejor optar por un modelo ligero, con buena sujeción y estabilidad; evita zapatillas demasiado blandas o modelos muy inestables, porque en un terreno que ya de por sí exige mucho al tobillo, no conviene sumar más inestabilidad desde el calzado.

Después de entrenar, sea con calzado o sin él, conviene lavar bien los pies, secarlos a fondo (sobre todo entre los dedos) y revisarlos por si hay rozaduras o ampollas incipientes. Te lo contamos con más detalle en nuestra guía sobre el cuidado de los pies del runner. La combinación de arena, humedad y calzado húmedo es además un terreno perfecto para que aparezcan hongos, así que este pequeño hábito también ayuda a prevenirlos.

Cómo entrenar en la playa sin hacerte daño

Con todo lo anterior, estas son las pautas prácticas que solemos recomendar desde la farmacia para sacarle partido a correr por la playa sin pagarlo después:

  1. Elige arena mojada y compacta, cerca de la orilla, sobre todo al principio.
  2. Empieza con sesiones cortas y progresivas. Si no estás habituada o habituado a este terreno, una progresión razonable es empezar con 15-20 minutos la primera semana y subir a 25-30 la segunda, aumentando después de forma gradual. Alternar tramos de carrera y caminata ayuda a adaptarte sin sobrecargar tendones y músculos de golpe.
  3. Calienta con movilidad específica de tobillo: círculos de tobillo, elevaciones de talón y balanceos de pierna antes de empezar.
  4. Alterna el sentido de la carrera para repartir el efecto del desnivel de la orilla entre ambas piernas.
  5. Hidrátate antes, durante y después, y valora reponer electrolitos si el entrenamiento es largo o hace mucho calor.
  6. Aplica protector solar resistente al agua antes de salir, y vuelve a aplicarlo si te bañas o entrenas más de dos horas. Un gorro o visera y unas gafas de sol completan la protección.
  7. Al terminar, lava y seca bien los pies, revisando rozaduras, ampollas o zonas irritadas antes de que vayan a más.

No conviene usar la playa como única superficie de entrenamiento: lo ideal es combinarla con asfalto, tierra o montaña, para repartir la carga entre distintos tipos de exigencia.

Botella de agua y electrolitos para la hidratación al correr por la playa

Preguntas frecuentes sobre correr por la playa

¿Correr por la playa quema más calorías que correr en asfalto?:

Sí. Al ser una superficie inestable que cede con cada apoyo, el cuerpo necesita más energía para avanzar: hasta 1,6 veces más que en superficie firme, según el estudio de Lejeune, Willems y Heglund (1998).

¿Es mejor correr descalzo o con zapatillas en la playa?:

Depende de tu adaptación previa. Para la mayoría de personas, empezar con zapatillas es la opción más segura; correr descalzo puede introducirse de forma progresiva si no tienes antecedentes de fascitis plantar, esguinces recientes o alteraciones de la sensibilidad en los pies.

¿Qué parte de la playa es mejor para correr?:

La arena húmeda y compacta cerca de la orilla, porque se hunde menos y se parece más, en términos de exigencia, a una superficie firme.

¿Puedo correr por la playa si tengo fascitis plantar?:

Con precaución. La arena aumenta el trabajo de la musculatura y la fascia del pie, así que si tienes fascitis plantar activa, lo más prudente es consultarlo antes con tu fisioterapeuta o tu farmacéutica de confianza.

¿Necesito más protección solar en la playa que en otros sitios?:

Sí. La arena seca puede reflejar hasta un 17% de la radiación UV incidente (frente al 4% del asfalto), lo que se suma a la radiación directa que ya recibes. Por eso conviene reforzar con protector solar resistente al agua, gorra y gafas.

¿Cuándo es mejor evitarlo?

Hay situaciones en las que tiene sentido posponer o evitar directamente correr por la playa: lesiones recientes en tobillo, rodilla o cadera; fascitis plantar activa; problemas articulares o tendinosos crónicos sin controlar; o días con alertas de calor extremo. Si tienes dudas sobre si tu situación concreta lo permite, tu farmacéutica o farmacéutico de confianza y tu fisioterapeuta pueden ayudarte a valorarlo.

Conclusión

Correr por la playa puede ser un estímulo distinto y beneficioso dentro de tu entrenamiento, pero no es un terreno neutro: exige más energía, pone a prueba tendones y estabilizadores, multiplica la radiación solar que recibes y puede jugarte una mala pasada si no cuidas la hidratación. Nada de esto significa que debas evitarlo; solo que conviene tratarlo con el mismo criterio que aplicarías a cualquier cambio de superficie o de intensidad en tu entrenamiento.

Ajusta el ritmo, cuida tus pies, protege tu piel y disfruta del cambio de paisaje. Y si algo empieza a dolerte de forma persistente, no lo dejes pasar: en tu farmacia de confianza podemos orientarte sobre los primeros pasos a seguir.

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TINEA PEDIS

Tinea Pedis en corredores: Guía de Prevención y Tratamiento

Pie de atleta (tinea pedis en corredores) es una de las infecciones fúngicas más frecuentes en deportistas que entrenan de forma habitual.

No es exclusiva de corredores, pero el running reúne casi todas las condiciones que este hongo necesita para proliferar: sudoración prolongada, calzado cerrado y exposición repetida a superficies húmedas compartidas. Como farmacéutica, en esta guía te explico qué es, por qué es tan habitual en quienes entrenan con regularidad y, sobre todo, cómo prevenirlo y tratarlo de forma eficaz.

¿Qué es la tinea pedis?

La tinea pedis es una infección causada por hongos llamados dermatofitos (principalmente Trichophyton rubrum y Trichophyton interdigitale), que se alimentan de la queratina de la piel —la proteína que forma la capa más superficial de la epidermis—. A veces intervienen también levaduras del género Candida, dando lugar a formas mixtas. Estos hongos colonizan sobre todo los espacios entre los dedos de los pies, aunque también pueden afectar la planta.

Existen tres presentaciones clínicas principales, y es útil que sepas reconocerlas porque no todas se ven igual:

  • Forma interdigital (la más frecuente en corredores): piel macerada, blanquecina y con descamación entre los dedos, especialmente el 4º y 5º, con picor intenso.
  • Forma hiperqueratósica o «en mocasín»: la piel de la planta y los bordes del pie se engrosa y descama de forma difusa, como si llevaras un mocasín invisible. Es de curso más crónico y menos llamativo al principio.
  • Forma vesiculosa o inflamatoria: aparecen pequeñas ampollas (vesículas) que pican mucho, normalmente en el arco del pie. Es la forma con más componente inflamatorio.

Por qué los corredores son especialmente vulnerables

No es casualidad que esta infección aparezca con tanta frecuencia entre quienes entrenan de forma habitual. Varios factores se combinan y se potencian entre sí:

  • Sudoración prolongada dentro de la zapatilla. Los hongos necesitan humedad para reproducirse. En una sesión de carrera de una hora, la humedad relativa dentro del calzado puede superar el 90%, un entorno prácticamente ideal para ellos.
  • Calzado cerrado y poco transpirable. Muchas zapatillas de rendimiento priorizan la amortiguación y el ajuste sobre la ventilación. Eso significa que, aunque corras con buena técnica, el pie puede quedar «encerrado» en humedad durante horas después de entrenar.
  • Vestuarios, duchas y piscinas compartidas. Las esporas de estos hongos pueden sobrevivir en superficies húmedas —baldosas de duchas, suelos de vestuario— durante semanas. Caminar descalzo por estas zonas es una de las formas de contagio más habituales, y mucha gente no lo sabe.
  • Roce y microtraumatismos repetidos. El contacto constante entre dedos, o entre el pie y la zapatilla, puede dañar ligeramente la piel y abrir una puerta de entrada para el hongo.
  • Calcetines poco adecuados. El algodón absorbe el sudor pero tarda mucho en secarse, así que el pie permanece húmedo durante más tiempo del que crees, incluso después de que «ya no notas» la humedad.

Tratamiento farmacológico

La buena noticia es que, en la gran mayoría de los casos, el tratamiento es sencillo y se aplica de forma tópica (directamente sobre la piel, sin necesidad de pastillas). Estas son las opciones con mejor respaldo clínico:

Antifúngicos tópicos de elección:

El tratamiento del pie de atleta (tinea pedis en corredores) suele ser tópico en la mayoría de casos.

  • Terbinafina 1% en crema. Se aplica una vez al día durante 1-2 semanas. Es «fungicida», es decir, mata directamente al hongo (no solo detiene su crecimiento), por lo que suele permitir tratamientos más cortos con buenos resultados.
  • Clotrimazol o miconazol 1-2%. Se aplican dos veces al día, pero durante más tiempo: unas 4 semanas. Son «fungistáticos» —frenan el crecimiento del hongo en lugar de matarlo directamente—, por eso necesitan más duración para que el propio recambio de la piel termine eliminándolo.
  • Ciclopirox olamina. Combina acción antifúngica con cierto efecto calmante sobre la inflamación, por lo que es una buena opción cuando hay más picor o irritación asociada.

Un detalle que marca la diferencia en la eficacia real: hay que aplicar la crema 1-2 cm más allá del borde visible de la lesión (el hongo suele estar ya colonizando piel que todavía parece sana) y seguir aplicándola varios días después de que la piel tenga buen aspecto. Esto es importante porque la piel puede «verse bien» antes de que el hongo esté realmente eliminado, y parar demasiado pronto es la causa más común de que la infección vuelva a los pocos días.

Cuándo hace falta tratamiento oral (en pastillas):
Si la infección es muy extensa, si reaparece una y otra vez a pesar de tratarla bien, o si además hay hongos en las uñas (onicomicosis), el médico puede valorar un antifúngico oral como terbinafina o itraconazol. Estos tratamientos requieren supervisión médica, ya que pueden interaccionar con otros medicamentos y, en tratamientos largos, se recomienda controlar la función hepática.

Sobre el picor y la inflamación:
Cuando hay mucha inflamación, a veces se combina brevemente un corticoide tópico suave con el antifúngico para aliviar las molestias más rápido. Ojo con este punto: usar un corticoide solo, sin antifúngico, puede empeorar la infección al bajar las defensas locales de la piel, aunque temporalmente parezca que mejora. Por eso esta combinación siempre debe indicarla un profesional.

Prevención específica para runners

La prevención del pie de atleta en corredores es clave para evitar recurrencias.

En mi experiencia clínica, la prevención es mucho más eficaz —y mucho más cómoda— que tratar brotes una y otra vez. Estas son las medidas con mayor impacto real, ordenadas por lo fácil que son de aplicar desde ya:

Calcetín técnico para prevenir tinea pedis en corredores

  1. Calcetines técnicos, nunca de algodón. Las fibras sintéticas (poliéster, poliamida) o la lana merino «gestionan» el sudor: lo alejan de la piel hacia el exterior del tejido, en lugar de retenerlo como hace el algodón. Es probablemente el cambio más sencillo y con más impacto de toda esta lista.
  2. Rotar el calzado. Una zapatilla necesita entre 24 y 48 horas para secarse completamente por dentro, aunque por fuera parezca seca antes. Si entrenas varios días seguidos, alternar entre dos pares reduce muchísimo la humedad disponible para que el hongo prolifere. Zapatillas de running transpirables secándose al aire
  3. Secado interdigital exhaustivo después de la ducha, pasando la toalla (o mejor, usando una toalla distinta) entre cada dedo, no solo por encima del pie. Es el gesto más simple de todos y, curiosamente, el que casi nadie hace bien.
  4. Polvos o sprays antifúngicos/secantes en el calzado. Especialmente recomendables si ya has tenido pie de atleta antes, o si sudas mucho de los pies (lo que se llama hiperhidrosis plantar).
  5. Chanclas de ducha en vestuarios, piscinas y zonas comunes. Nunca camines descalzo en superficies compartidas: es una de las vías de contagio más frecuentes y más fáciles de evitar. Chanclas de ducha para prevenir contagio de hongos en vestuarios
  6. No compartas calcetines, toallas ni calzado con otras personas, ni siquiera brevemente.
  7. Elige zapatillas con buena transpirabilidad, sobre todo si notas que tus pies sudan mucho durante el entrenamiento.

Algunos mitos que conviene desmontar

  • «Si no me pica, no tengo hongos.» Falso: las formas hiperqueratósicas pueden pasar casi desapercibidas durante meses porque apenas dan picor, y sin embargo siguen siendo contagiosas y pueden extenderse a las uñas.
  • «Con lavarme bien los pies es suficiente.» La higiene ayuda, pero sin un buen secado y sin calcetines/calzado adecuados, el hongo puede seguir encontrando el ambiente húmedo que necesita.
  • «Como es leve, no hace falta terminar el tratamiento.» Es precisamente la causa más habitual de que la infección reaparezca a las pocas semanas.

Cuándo consultar con un profesional

Te recomiendo acudir a tu farmacéutico o médico si: hay afectación de las uñas, las lesiones no mejoran tras dos semanas de tratamiento tópico correcto, aparecen signos de que se ha añadido una infección bacteriana (dolor intenso, pus, fiebre), o si tienes diabetes o algún problema que afecte a tus defensas, ya que en estos casos el riesgo de complicaciones es mayor y conviene un seguimiento más cercano.

Preguntas frecuentes

¿Puedo seguir entrenando si tengo pie de atleta?
Sí, en general no es necesario parar. Simplemente presta más atención al secado, cambia los calcetines después de entrenar y evita ponerte zapatillas que sepas que están húmedas por dentro hasta que la infección se haya resuelto.

¿Cuánto tarda en curarse con tratamiento tópico?
Con terbinafina suele notarse mejoría en 3-7 días, aunque hay que completar el tratamiento durante 1-2 semanas igualmente. Con clotrimazol o miconazol, el tratamiento completo se extiende hasta 4 semanas, aunque la mejoría también suele notarse antes.

¿Es contagioso el pie de atleta?
Sí. Se transmite por contacto directo con la piel de otra persona infectada o, más habitualmente, a través de superficies contaminadas: duchas, vestuarios, toallas compartidas. Por eso las medidas de higiene en espacios compartidos son tan importantes.

¿Por qué me vuelve a salir después de tratarlo?
Las causas más frecuentes de recidiva son: no completar el tratamiento hasta el final, no desinfectar el calzado que ya estaba «contaminado» con esporas, o tener una infección en las uñas sin tratar que actúa como reservorio y reinfecta la piel una y otra vez.

 

Si entrenas con regularidad, tus pies están sometidos a un estrés de humedad y calor constante que no tiene por qué ser así. Adoptar unos hábitos preventivos sencillos —calcetines adecuados, rotación de calzado y buen secado— evita la mayoría de los casos. Y si ya tienes síntomas, un tratamiento antifúngico correcto y completo resuelve el problema en la gran mayoría de los casos, sin necesidad de interrumpir tus entrenamientos.

 

CUIDADO CON LAS LESIONES

Es importante practicar algún deporte para conseguir fortalecer la musculatura y evitar así posibles daños o lesiones en codos, hombros, muñecas, tobillos, etc.

Las articulaciones son más propensas a las lesiones cuando los músculos y los ligamentos que las sostienen son débiles. Es fundamental evitar el sedentarismo y ejercitar el cuerpo.

El mejor tratamiento es la prevención:

Por eso el primer paso para hacer deporte es el calentamiento. Gracias a este periodo de preparación, los músculos consiguen soportar la intensidad del trabajo que más tarde se va a realizar.

Realizar un correcto calentamiento permite que los músculos soporten la intensidad del trabajo que el deportista va a realizar más tarde y así se reduce el riesgo de sufrir daños.

Cuando un músculo no se ha calentado con anterioridad está más expuesto a lesiones con roturas fibrilares y contracturas.

Algunos de los efectos beneficiosos que produce la preparación son:

  • Reducción de la viscosidad muscular, por lo que mejora la contracción-relajación muscular
  • Mejora de la elasticidad de la musculatura y los tendones
  • Aumenta la temperatura corporal, lo que acelera el metabolismo y permite que el organismo utilice más eficazmente los sustratos fundamentales para la producción de la energía que requiere la actividad física intensa.

Tampoco hay que olvidar que después de un entrenamiento o competición, es fundamental realizar ejercicios de enfriamiento para volver a la situación de reposo de forma paulatina y para relajar los músculos.

Andar o nadar puede ser muy beneficioso para nuestras articulaciones ya que el agua amortigua el impacto el deporte que se está realizando.

La hidratación antes, durante y después del ejercicio y una dieta sana y equilibrada son clave para no padecer calambres y otras lesiones.

CUIDA TUS LESIONES:

Si  tienes un problema articular, evita los deportes de arena ya que podrían agravar tu lesión por la inestabilidad del terreno que somete a las articulaciones a un esfuerzo extraordinario y en el que puede producirse con facilidad una sobrecarga inesperada y repentina.

CAUSAS DE LAS LESIONES Y LESIONES PREVIAS:

La mayoría de lesiones producidas en el deporte se debe a métodos de entrenamiento incorrectos, anomalías en la estructura de la persona que hacen forzar más unas partes del cuerpo que otras, y a la debilidad de los músculos, tendones y ligamentos.

Aún así, en las personas que hacen deporte habitualmente pueden encontrarse situaciones de riesgo que podrían provocar una lesión articular, ya que el desgaste crónico es la causa de muchas lesiones.

En el caso de arrastrar lesiones previas, es vital conocer bien cuándo, cómo y por qué ocurrieron  para intentar que se repitan o se agravien.

Una vez que se ha producido una lesión es fundamental buscar un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado.

Recomendaciones para evitar que las articulaciones resulten dañadas al hacer deporte:

  • Evitar el sobrepeso: las estructuras articulares están diseñadas para una determinada fisionomía. Si el peso se excede, las articulaciones tienen que realizar un mayor esfuerzo.
  • Tener una musculatura adecuada: el control que ejercen los músculos sobre la articulación es importante.
  • Prepararse (calentar) antes de practicar deporte: no todos los ejercicios se adaptan a las condiciones físicas y estructurales de una persona, para practicar algún deporte hay que realizar una preparación mínima que evite lesiones.
  • Usar un buen calzado para absorber mejor el impacto y minimizar las lesiones.
  • Realizar un entrenamiento con ejercicios combinados reduce la posibilidad de sobre exigir a músculos o articulaciones.
  • Se deben evitar bloqueos articulares en la ejecución de ejercicios (especial atención a personas hiperlaxas). Mucho cuidado con sobrecargar el entrenamiento de pierna. Contraindicado totalmente la total hiperflexión de la rodilla que pueda dañar al menisco, evitaremos por tanto sentadillas profundas. También es recomendable minimizar los impactos en el entrenamiento (cuidado con los saltos), si no hay una técnica y musculatura preparada, ya que podrías estar desgastando prematuramente tus articulaciones.
  • El exceso de ejercicio físico puede producir fatiga muscular y, posteriormente a lesiones articulares, debido al exceso de trabajo.
  • Si tienes alguna articulación inflamada, se debe mantener reposo y en ningún caso sobre utilizar dicha articulación ya que corres el riesgo de producir daños irreversibles….¡ Y no te olvides de ir al médico!

Ejemplo en el caso de lesión en la rodilla:

Si tenemos molestias en la rodilla, es importante evitar el cardio de impacto. Por ejemplo, en vez de correr es mejor hacer bicicleta, elíptica o nadar.

A la hora de fortalecer las rodillas las sentadillas son el mejor ejercicio que podemos hacer.

Las zancadas son el segundo ejercicio que te va a ayudar a fortalecer la rodilla en situaciones normales. Podemos hacerlas con mancuernas, barra e incluso sin peso e ir poco a poco progresando a medida que vayamos mejorando.

Comenzamos de pie en una posición cómoda y normal y damos un gran paso adelante de tal forma que cuando flexionemos las piernas ambas forme un ángulo cercano a los 90º y la rodilla trasera quede pegada al suelo, no es necesario que toque.

Importantísimo mantener la estabilidad en las piernas y en la rodilla en todo momento.

Otra forma de trabajar es mediante el uso de las máquinas, las cuales permiten un movimiento mucho más controlando y suelen utilizarse especialmente en la rehabilitación de ciertas lesiones.

No todos estamos al mismo nivel físico, por lo que nunca fuerces tu cuerpo más de lo que puedes. Ponte metas, pero aumenta la intensidad de los entrenamientos poco a poco.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.iccimplantecartilago.com
  • www.sanitas.es
  • www.uppers.es
  • www.altafitgymclub.com
  • www.vitonica.com
  • www.fisioterapiaonline.com

 

 

CAMINATAS DE FARMACIA

El ejercicio físico tiene claros beneficios en el ser humano, tanto a nivel corporal como a nivel psicológico. Además, practicarlo en grupo fomenta la socialización, así como la diversión a través del deporte. 

La realización de actividad física hace que el cuerpo funcione y esté activo. Con el deporte ejercitamos nuestro organismo para mantenerlo en buen estado físico. El ejercicio físico tiene un impacto muy positivo, tanto en niños como en adultos, puesto que se suele practicar en ambientes saludables y al aire libre.

Uno de los mejores ejercicios que existe, que se puede realizar a diario y que casi todo el mundo puede practicar es caminar. No solo es apropiado para perder peso, sino que evitamos muchas lesiones que otros ejercicios producen. Por ejemplo, los deportes de impacto que pueden dañar las rodillas.

Caminar es tremendamente beneficioso debido a que disminuye los valores de la presión arterial, produce efectos favorables sobre el colesterol, previene la aparición de la diabetes, ayuda a perder peso (ya que quema grasas y construye músculos, que aumentan tu metabolismo). Además, caminar mejora la circulación, previniendo la aparición de varices y manteniendo el bienestar en nuestro cuerpo, al mismo tiempo que tonifica piernas, glúteos y abdominales. 

Por si no lo sabías, caminar también tiene efectos positivos sobre tus huesos, ya que aumentas tu densidad ósea al estimular y fortalecer los huesos. Además, fortalece el corazón y reduce el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, al mismo tiempo que mejora el estrés o lo disminuye. 

Caminar es uno de los ejercicios más saludables para conseguir estar en forma y tener un cuerpo sano y equilibrado. Además, te hará sentir bien dado que caminar hace que tu cerebro libere endorfina y serotonina, las hormonas de la felicidad.

Estos son solo algunos de los múltiples beneficios que te puede proporcionar caminar.

Cada vez hay más centros que promueven caminar con otros usuarios, hacerlo acompañado «te obliga» a ir y reunirte con otras personas con las que puedes: comunicarte, compartir, ayudar o dejar que te ayuden.

Por eso algunas farmacias para fomentar uno de los hábitos más saludables que existe como es salir a andar durante un mínimo de 30 minutos diarios se han propuesto ayudar a establecer el hábito de caminar de manera regular mediante la organización de caminatas saludables.

Estas caminatas, de carácter gratuito, tienen como objetivo compartir actividades saludables.

Suelen durar entre dos horas y dos horas y media, y son aptas para todas las edades y miembros de la familia, ya que la idea es que cada uno vaya a su ritmo, sin ninguna exigencia. Con ello se quiere concienciar sobre la importancia de mantenerse activo y los beneficios que tiene el ejercicio en nuestra salud.

Otras farmacias salen a caminar con sus clientes de forma regular una vez por semana para afianzar el buen hábito de la actividad física en la salud.

¡A ver si sois capaces de animar a vuestra farmacia de confianza a caminar con vosotros por la salud!

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de www.blogfarmacia.com y de farmacias que ya han hecho alguna caminata saludable con sus clientes.

 

CONSEJOS EXPRES PARA PRINCIPIANTES

Esta semana en nuestro blog os damos unos CONSEJOS EXPRES para todos aquellos que por fin os habéis decidido a practicar deporte.

Lo resumimos en una infografía, pero podeis ampliar información sobre cualquier tema buscando por categoría entre los más de 300 artículos que ya hemos publicado.

HIPOTERMIA

Durante los meses de invierno, aumentan las lesiones relacionadas con la falta de un calentamiento antes de hacer ejercicio, especialmente para aquellos que se enfrían con facilidad en cualquier época del año. Los músculos que se quedan “fríos” suelen ser más rígidos y tensos y son más propensos a ser lesionados durante la actividad. Mantener los músculos calientes y flexibles, ayuda a disminuir las lesiones. Antes de la actividad deportiva, es una buena idea calentar, estirar activamente, aplicar cremas de calor en las zonas que nos molesten…etc.

Una vez que el entrenamiento ha terminado, la fase de enfriamiento es tan importante y cómo la de calentamiento. Permite que tus músculos se enfríen lentamente.

Asegurarse de limpiar el sudor seco o llevar ropa para cambiarse, ya que es más fácil enfriarse cuando se tiene la humedad en la piel.

Con el frío pueden aparecer:

  • sabañones: son un tipo de lesión no ocasionada por congelamiento que se desarrolla en condiciones frías y secas.

  • congelación: es la lesión más común y puede aparecer al exponerse a humedad o agua excesivamente fría
  • hipotermia: ocurre cuando el cuerpo pierde más calor del que puede generar. En la mayoría de los casos, se presenta después de períodos prolongados en el frío.Ees una temperatura corporal peligrosamente baja, por debajo de 95ºF (35ºC).

 

Hipotermia:

Una persona es más propensa a sufrir hipotermia si:

  • Es muy mayor o muy joven.
  • Tiene una enfermedad crónica, en especial problemas circulatorios o cardíacos.
  • Está desnutrido.
  • Está excesivamente cansado.
  • Está tomando ciertas medicinas recetadas.
  • Está bajo los efectos del alcohol o las drogas.

Causas:

  • Permanecer al aire libre durante el invierno sin suficiente ropa protectora.
  • Caer en las aguas frías de un lago, río o cualquier otro cuerpo de agua.
  • Usar ropas húmedas cuando hay viento o hace mucho frío.
  • Hacer esfuerzos agotadores o no ingerir alimentos o bebidas suficientes en climas fríos.

Dependiendo de la causa, el tipo de hipotermia que se observa varía:

  • Hipotermia gradual: la temperatura corporal desciende progresivamente (ropa inadecuada, frío y viento intensos…).
  • Hipotermia aguda: también llamada hipotermia por inmersión. Ocurre cuando la pérdida de calor corporal sucede rápida e intensamente, como al caer en aguas frías.
  • Hipotermia silenciosa: se trata de una hipotermia gradual por inmersión, es decir, la persona pasa muchas horas inmersa en aguas frías, pero la pérdida de calor no es brusca, ya que lleva el equipamiento adecuado. Este caso puede darse en buzos, surfistas, pescadores… Los síntomas cambian con respecto a la hipotermia gradual, se observa agotamiento y cansancio fácil.

Existe otro tipo de hipotermias que no se relacionan con una exposición ambiental al frío, sino que se deben a un fallo en los mecanismos cerebrales de termorregulación, en los centros que controlan la temperatura corporal. Estas hipotermias pueden ser secundarias a diversas enfermedades tales como el hipotiroidismo, la insuficiencia renal o hepática, quemaduras extensas, infecciones generalizadas graves, etcétera.

Hay hipotermias que se asocian al uso de medicamentos, especialmente aquellos que ejercen su efecto en el cerebro como antidepresivos, tranquilizantes, antipsicóticos u otros.

Síntomas:

A medida que una persona desarrolla hipotermia, pierde lentamente su capacidad para pensar y moverse. De hecho, es posible que incluso no sea consciente de que necesita tratamiento de emergencia. Asimismo, alguien con hipotermia tiene la probabilidad de sufrir congelación.

Podemos detectar distintas fases de hipotermia según sus síntomas:

  • Primera fase: los primeros síntomas de la hipotermia se deben a la puesta en marcha de los mecanismos de defensa del cuerpo. Los vasos sanguíneos de las partes más alejadas (manos, pies…) se contraen. Esto sucede para que circule menos sangre por esas zonas, ya que la pérdida de calor es muy elevada, y el objetivo del cuerpo es mantener caliente los órganos vitales. Aparecen escalofríos, la piel de gallina, aumenta el gasto calórico por los temblores y el aumento de la frecuencia respiratoria y cardiaca. Los músculos de las manos y los pies no responden del todo bien.
  • Segunda fase: los temblores y escalofríos son más violentos, los movimientos son lentos y torpes y se observa una descoordinación muy evidente. La víctima, aunque parece alerta, está pálida. Los labios, la orejas y la punta de los dedos pueden ponerse azules.
  • Tercera fase o fase profunda: dificultad extrema para moverse, la piel se pone azul, los temblores cesan. La víctima presenta somnolencia, comportamientos extraños o irracionales y confusión mental. La respiración y los latidos cardíacos disminuyen, se vuelven lentos y débiles. Al cabo de un rato los órganos vitales comienzan a fallar y a pararse, lo que se conoce como muerte clínica. En este estado la víctima no está realmente muerta, ya que la muerte cerebral todavía tarda unas horas en producirse. 

En general los síntomas incluyen:

  • Somnolencia
  • Debilidad y pérdida de coordinación
  • Piel pálida y fría
  • Confusión
  • Temblor incontrolable (aunque con temperaturas corporales extremadamente bajas el temblor puede cesar)
  • Frecuencia cardíaca o respiratoria lentas

Sin tratamiento oportuno, se puede presentar letargo, paro cardíaco, shock y coma. La hipotermia puede ser mortal.

Primeros auxilios en caso de hipotermia:

  • Si la persona presenta cualquier síntoma de hipotermia, especialmente confusión o problemas para pensar, llamar a emergencias (112)
  • Si la persona está inconsciente, examinar las vías respiratorias, la respiración y la circulación. Dar respiración boca a boca o RCP si es necesario.
  • Llevar a la persona a un área bajo techo con temperatura ambiente y cubrirla con mantas calientes. Si no es posible ir hasta un sitio cubierto, retirar a la persona del viento y usar una manta para aislarla del suelo frío. No usar calor directo, como agua caliente, almohadillas eléctricas ni lámparas de calor para calentar a la persona. Aplicar compresas tibias en el cuello, la pared torácica y la ingle.
  • Una vez dentro, quitar las ropas húmedas o ajustadas y reemplazarlas por ropas secas.
  • Si la persona está despierta y puede tragar con facilidad, darle líquidos dulces y calientes, no alcohólicos, para ayudar con el calentamiento.

Prevención:

Antes de pasar un tiempo al aire libre expuesto al frío, No consumir alcohol ni fumar. Tomar mucho líquido, consumir alimentos y descansar.

Usar prendas de vestir adecuadas en temperaturas frías para proteger el cuerpo, como las siguientes:

  • Guantes
  • Varias capas de ropa impermeable y cortavientos
  • Dos pares de calcetines
  • Un buff que cubra las orejas (para evitar la pérdida considerable de calor a través de la parte superior de la cabeza) y un gorro

Se debe evitar:

  • Temperaturas extremadamente frías, especialmente con fuertes vientos
  • Ropas húmedas
  • Mala circulación, que es más probable que se presente debido a la edad, el uso de ropas o botas ajustadas, posiciones que producen calambres, fatiga, ciertas medicinas, consumo de tabaco y alcohol

Resúmen:

  • Se deben usar varias capas de ropa, incluyendo guantes y un sombrero. Retirar capas al calentarse y reemplazarlas durante las secciones más lentas del entrenamiento.
  • Se debe tener presente que una persona se puede deshidratar incluso en clima frío y se necesita mucho líquido antes, durante y después del ejercicio.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.medline.gov
  • www.dinamicfisio.com
  • www.webconsultas.com

PIES DE RUNNER.

Hoy vamos a dar unos buenos consejos a aquellos que os esteis planteando empezar a correr. Los pies…hay que cuidarlos.

El ciclo de la marcha se divide en fase de apoyo (cuando alguno de los dos pies está en contacto con el suelo) y fase de balanceo (cuando el pie se encuentra oscilando en el aire). Cuando corremos, en nuestro pie se multiplica de 2 a 5 veces el peso de nuestro cuerpo por las fuerzas reactivas del suelo. La pronación que tanto temen los corredores no es más que una adaptación de nuestro pie al suelo.

¿Sufre el pie al correr?

Depende del tipo de pie. Un exceso de pronación (aplanamiento del arco) provoca problemas de estrés o sobrecarga en el pie. Los pronadores severos suelen tener pies inestables por la flexibilidad de las estructuras debido al repetido estrés al que son sometidos, por lo que el desgaste articular en tobillo y rodilla son mayores. Hay corredores con gran supinación, con lo que el pie se encuentra rotado hacia el exterior. Aunque estos son minoría, tienden a tener pies más rígidos y al no contar con el mecanismo de pronación no pueden absorber el impacto. Por eso están predispuestos a sufrir esguinces de tobillo, fracturas de estrés y dolores de rodilla, e incluso posibles sobrecargas lumbosacras.

¿Cuáles son las zonas del pie que más sufren y cómo pueden tratarse?

Las lesiones más comunes del corredor son: ampollas, uñas encarnadas, rozaduras y hematomas subungueales, tendinopatías y sobrecargas.

Para evitar sobrecargas y tendinopatías es aconsejable realizarnos un estudio de la pisada con nuestro podólogo. Si la pisada no es la más adecuada, se encargará de aconsejarnos unas plantillas (ortesis plantares) con zapatilla neutra. Y si existe cualquier patología previa, es necesario visitar al podólogo para que revise los pies.

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¿Qué debe tener en cuenta un runner al elegir unas zapatillas?

Muchas de las lesiones se producen por una mala elección de la zapatilla o por su mala utilización. Las zapatillas deben contener ciertas características imprescindibles:
• Contrafuerte rígido que proporcione al pie estabilidad durante la carrera.
• Flexibilidad en la zona de antepié: la zapatilla debe doblarse exclusivamente debajo de los dedos. En el mediopié la suela debe ser rígida.

La zapatilla, en conclusión, debe ofrecer una buena protección al roce, el tejido debe ser transpirable para que la sudoración no debilite la piel y debe ser resistente al desgaste y la abrasión del terreno. La zapatilla será más o menos ligera en función del entrenamiento.

¿Hay superficies sobre las que es más recomendable correr?

Un terreno será mejor o peor para nuestro cuerpo en función a la dureza y la absorción de impacto. Un terreno aconsejable serían los caminos de tierra, ya que existe absorción de impacto y cierta dureza en el suelo para mantener la estabilidad. Los terrenos naturales son los ideales para la carrera siempre y cuando no haya desnivel o un exceso de piedras por la irregularidad del pie ante el apoyo. La hierba no sería desaconsejable gracias al pequeño impacto que reciben nuestros ligamentos y músculos, aunque dificulta su uso por la escasez del terreno.

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¿Sobre qué superficies es desaconsejable correr?

El asfalto, las aceras y la arena de la playa son las más desaconsejables para un entrenamiento habitual, ya que aumentan el riesgo de lesión. Las aceras son las superficies más duras y no tienen absorción de impacto, ya que todo lo absorbe la pierna y el pie. Las pistas de cemento también son muy agresivas para la carrera. El asfalto, aunque tiene capacidad de deformidad, es mínima y no es suficiente para la carrera ya que, debido a la sobrecarga muscular, puede provocarnos tendinopatías.

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Esperamos haber podido ayudar un poco a los principiantes.Os dejamos algún link que también os puede ser de ayuda.

https://farmarunning.wordpress.com/2015/02/23/a-que-esperas-para-empezar-a-correr/

https://farmarunning.wordpress.com/2015/04/16/hiperhidrosis-o-exceso-de-sudor/

https://farmarunning.wordpress.com/2015/06/15/protegete-runner/