CORRER POR LA PLAYA

Correr por la Playa: Beneficios, Riesgos y Cómo Hacerlo sin Lesionarte

Verano, vacaciones y la orilla del mar a pocos metros de casa. Correr por la playa tiene ese punto de plan perfecto: paisaje distinto, aire libre y la sensación de estar haciendo algo diferente a la rutina de asfalto de todo el año.

Pero desde la farmacia lo vemos también desde el otro lado del mostrador. Cada verano llegan consultas por tendones inflamados, ampollas, alguna quemadura solar importante y algún tobillo torcido, casi siempre relacionados con salir a correr por la arena sin haber ajustado nada respecto al entrenamiento habitual.

Correr en la playa no es mejor ni peor que correr en asfalto: es diferente. Y esa diferencia es la que determina cómo, cuándo y con qué calzado deberías hacerlo. En este artículo repasamos qué dice la evidencia sobre el gasto energético en arena, cuáles son las lesiones más habituales, si tiene sentido correr descalzo y cómo proteger tu piel y tu hidratación durante el entrenamiento.

Persona corriendo por la orilla de la playa sobre arena mojada

Por qué correr en arena exige más a tu cuerpo que correr en asfalto

El asfalto es una superficie estable: cada zancada recibe una respuesta previsible del suelo. La arena no. Con cada apoyo, el pie se hunde ligeramente y cede antes de que puedas impulsarte, así que tus músculos tienen que compensar ese hundimiento en cada paso.

Uno de los estudios de referencia sobre el tema, publicado en The Journal of Experimental Biology por Lejeune, Willems y Heglund (1998), comparó la mecánica y el gasto energético de caminar y correr sobre arena frente a hacerlo en superficie dura. Sus resultados mostraron que correr sobre arena puede llegar a exigir hasta 1,6 veces más energía que hacerlo sobre firme. Caminar, curiosamente, sale todavía peor parado, con cifras de hasta 1,8-2,7 veces más gasto energético según distintos trabajos posteriores. Verás la cifra de «2 a 2,5 veces» circular por internet aplicada también a la carrera, pero conviene no mezclarlas: el sobrecoste de correr es menor que el de caminar sobre la misma arena.

¿Qué significa esto en la práctica?:  que un mismo ritmo y la misma distancia en arena suponen bastante más trabajo muscular, sobre todo para los gemelos y para los estabilizadores de tobillo, rodilla y cadera, que tienen que corregir constantemente el equilibrio. Es una de las razones por las que 20-30 minutos en arena pueden dejarte tan cansada o cansado como 45-60 en asfalto.

Beneficios reales de correr por la playa (con matices)

No todo son inconvenientes. Correr en arena tiene ventajas que merece la pena conocer, siempre que las pongas en su contexto:

  • Mayor trabajo muscular y propioceptivo: la superficie inestable obliga a activarse con más intensidad a los gemelos, el sóleo, los glúteos y la musculatura estabilizadora del tobillo y del pie. Esto puede mejorar la propiocepción cuando se introduce de forma progresiva.
  • Menor impacto articular: la arena amortigua mejor que el asfalto, así que el golpe que reciben rodillas y caderas en cada zancada es menor. Ojo: menor impacto no equivale a menor riesgo de lesión, porque ese impacto se traslada en forma de mayor exigencia para tendones y músculos estabilizadores, como veremos en el siguiente apartado.
  • Mayor gasto calórico por minuto: al exigir más energía, un mismo tiempo de entrenamiento en arena quema más calorías que en asfalto.
  • Un extra psicológico, con evidencia todavía limitada pero prometedora: entrenar cerca del mar se relaciona con menor estrés y mejor estado de ánimo, lo que la literatura científica agrupa bajo el concepto de «espacios azules». Una revisión de más de 35 estudios coordinada por ISGlobal encontró beneficios para la salud mental y la promoción de la actividad física asociados a estos entornos, aunque los propios autores señalan que todavía hace falta más investigación con metodología homogénea.

Correr en arena de vez en cuando, como variante puntual dentro de tu planificación, aporta estímulos distintos a los del asfalto. Sustituir todo tu entrenamiento habitual por sesiones en arena, sin más, es donde empiezan los problemas.

Arena mojada o arena seca: no es lo mismo

Arena mojada y compacta, cerca de la orilla: es la opción más recomendable, sobre todo si no estás habituada o habituado a este terreno. El pie se hunde menos, el gasto energético es menor y el riesgo de sobrecarga se reduce, porque se parece bastante más a correr sobre una superficie firme.

Arena seca y suelta: exige mucho más al pie, que se hunde con cada zancada. Aumenta la carga sobre gemelos, sóleo, tendón de Aquiles y fascia plantar. No es mala en sí misma, pero conviene introducirla con moderación y no como base de todos tus entrenamientos en la playa.

Riesgos que conviene conocer antes de calzarte las zapatillas (o no calzártelas)

El desnivel de la orilla: una asimetría que tu cuerpo no espera

La mayoría de las playas tienen cierta inclinación hacia el mar, más o menos pronunciada según la zona. Correr en paralelo a la orilla, con un pie siempre más bajo que el otro, funciona de forma parecida a correr con una pierna ligeramente más corta que la otra: tu cuerpo compensa esa asimetría de forma constante, y esa compensación puede sobrecargar más una cadera, una rodilla o la zona lumbar que la otra.

Un truco sencillo para reducir este efecto es alternar el sentido de la carrera durante el entrenamiento (ida y vuelta), en lugar de recorrer siempre el mismo tramo en la misma dirección.

Lesiones más habituales: tendón de Aquiles, fascitis plantar y esguinces

Un trabajo de Knobloch, Yoon y Vogt (2008) encontró mayor riesgo de tendinopatía de Aquiles en corredores habituados a entrenar sobre arena. A esta lesión se suman otras que aparecen con frecuencia asociadas a correr en la playa: fascitis plantar, esguinces de tobillo por la inestabilidad del terreno y periostitis tibial (el conocido dolor en la cara interna de la tibia). Puedes repasar estas y otras lesiones habituales del running en nuestro diccionario básico de lesiones.

Si tienes antecedentes recientes de esguince de tobillo, fascitis plantar o problemas articulares en rodilla o cadera, la playa no es el mejor lugar para probar límites nuevos.

Comparativa entre correr descalzo y con zapatillas sobre la arena de la playa

Calor y deshidratación: la playa puede engañar

La brisa marina da sensación de frescor, pero la humedad ambiental dificulta que el sudor se evapore con la misma eficacia que en un ambiente seco, así que el cuerpo puede acumular más calor del que parece. A esto se suma que, en muchas playas, ni siquiera hay sombra disponible.

Lleva agua contigo o planifica una ruta donde puedas reponer líquidos, aquí tienes más detalle sobre cómo mantener una buena hidratación como runner .  Y presta atención a los primeros síntomas de un golpe de calor. Si  quieres profundizar en cómo prevenirlo y reconocerlo a tiempo, lo explicamos con detalle en nuestro artículo sobre el golpe de calor en el deportista.

El sol se multiplica en la playa

Esto es algo que en la farmacia repetimos constantemente en verano: la arena y el agua reflejan parte de la radiación solar que reciben, así que la exposición UV total es mayor que la que tendrías, por ejemplo, corriendo en un parque con sombra. Según datos recogidos por Sanitas a partir de las tablas de reflexión UV, la arena seca puede reflejar hasta un 17% de la radiación incidente, frente a apenas un 4% del asfalto (el agua se queda en torno al 5%). Ni las nubes ligeras ni una inmersión ocasional te libran del todo: los rayos UV atraviesan ambas cosas con relativa facilidad.

En cuanto al horario, la AEMET sitúa el pico de radiación UV alrededor del mediodía solar, con las horas de mayor riesgo aproximadamente entre las 11:00 y las 18:00 en los meses de verano en España. Si entrenas junto al mar, conviene ser todavía más estricta o estricto con la protección solar de lo que serías en otro entorno. Le dedicamos un artículo completo a cómo proteger tu piel como runner, con toda la información sobre fotoprotección deportiva.

¿Correr descalzo o con zapatillas? Lo que conviene saber

Correr descalzo por la arena tiene su atractivo: los dedos se clavan en la arena para impulsarte, lo que activa con más intensidad los gemelos, mejora la sensibilidad plantar y puede cambiar ligeramente la técnica de carrera. Es, además, una sensación agradable que muchos runners asocian con la playa.

Sin embargo, la mayoría de especialistas en biomecánica recomiendan precaución con esta práctica, y por buenos motivos:

  • La orilla puede esconder conchas, piedras o restos de madera que aumentan el riesgo de cortes.
  • Sin la referencia visual habitual y sin amortiguación, una torcedura de tobillo por un desnivel inesperado es más probable.
  • Pasar de llevar calzado casi todo el año a correr descalzo de golpe, sin ninguna adaptación previa, es la combinación perfecta para sobrecargar tendones y fascia plantar que no están preparados para ese estímulo.

Si tienes fascitis plantar, has sufrido un esguince de tobillo recientemente, o tienes diabetes con alguna alteración de la sensibilidad en los pies, lo más prudente es no correr descalzo: cualquier herida pequeña puede pasar desapercibida y tardar más en curar de lo habitual, así que conviene revisar los pies a diario.

Para quien quiera probarlo sin estos condicionantes, la recomendación general es introducirlo de forma progresiva: tramos cortos, a baja intensidad, sobre arena mojada y compacta, nunca como sustituto completo del calzado habitual de entrenamiento.

Si prefieres correr con zapatillas, ¿cuáles elegir?

En arena compacta puedes usar tus zapatillas de running habituales sin problema. En arena seca y suelta, es mejor optar por un modelo ligero, con buena sujeción y estabilidad; evita zapatillas demasiado blandas o modelos muy inestables, porque en un terreno que ya de por sí exige mucho al tobillo, no conviene sumar más inestabilidad desde el calzado.

Después de entrenar, sea con calzado o sin él, conviene lavar bien los pies, secarlos a fondo (sobre todo entre los dedos) y revisarlos por si hay rozaduras o ampollas incipientes. Te lo contamos con más detalle en nuestra guía sobre el cuidado de los pies del runner. La combinación de arena, humedad y calzado húmedo es además un terreno perfecto para que aparezcan hongos, así que este pequeño hábito también ayuda a prevenirlos.

Cómo entrenar en la playa sin hacerte daño

Con todo lo anterior, estas son las pautas prácticas que solemos recomendar desde la farmacia para sacarle partido a correr por la playa sin pagarlo después:

  1. Elige arena mojada y compacta, cerca de la orilla, sobre todo al principio.
  2. Empieza con sesiones cortas y progresivas. Si no estás habituada o habituado a este terreno, una progresión razonable es empezar con 15-20 minutos la primera semana y subir a 25-30 la segunda, aumentando después de forma gradual. Alternar tramos de carrera y caminata ayuda a adaptarte sin sobrecargar tendones y músculos de golpe.
  3. Calienta con movilidad específica de tobillo: círculos de tobillo, elevaciones de talón y balanceos de pierna antes de empezar.
  4. Alterna el sentido de la carrera para repartir el efecto del desnivel de la orilla entre ambas piernas.
  5. Hidrátate antes, durante y después, y valora reponer electrolitos si el entrenamiento es largo o hace mucho calor.
  6. Aplica protector solar resistente al agua antes de salir, y vuelve a aplicarlo si te bañas o entrenas más de dos horas. Un gorro o visera y unas gafas de sol completan la protección.
  7. Al terminar, lava y seca bien los pies, revisando rozaduras, ampollas o zonas irritadas antes de que vayan a más.

No conviene usar la playa como única superficie de entrenamiento: lo ideal es combinarla con asfalto, tierra o montaña, para repartir la carga entre distintos tipos de exigencia.

Botella de agua y electrolitos para la hidratación al correr por la playa

Preguntas frecuentes sobre correr por la playa

¿Correr por la playa quema más calorías que correr en asfalto?:

Sí. Al ser una superficie inestable que cede con cada apoyo, el cuerpo necesita más energía para avanzar: hasta 1,6 veces más que en superficie firme, según el estudio de Lejeune, Willems y Heglund (1998).

¿Es mejor correr descalzo o con zapatillas en la playa?:

Depende de tu adaptación previa. Para la mayoría de personas, empezar con zapatillas es la opción más segura; correr descalzo puede introducirse de forma progresiva si no tienes antecedentes de fascitis plantar, esguinces recientes o alteraciones de la sensibilidad en los pies.

¿Qué parte de la playa es mejor para correr?:

La arena húmeda y compacta cerca de la orilla, porque se hunde menos y se parece más, en términos de exigencia, a una superficie firme.

¿Puedo correr por la playa si tengo fascitis plantar?:

Con precaución. La arena aumenta el trabajo de la musculatura y la fascia del pie, así que si tienes fascitis plantar activa, lo más prudente es consultarlo antes con tu fisioterapeuta o tu farmacéutica de confianza.

¿Necesito más protección solar en la playa que en otros sitios?:

Sí. La arena seca puede reflejar hasta un 17% de la radiación UV incidente (frente al 4% del asfalto), lo que se suma a la radiación directa que ya recibes. Por eso conviene reforzar con protector solar resistente al agua, gorra y gafas.

¿Cuándo es mejor evitarlo?

Hay situaciones en las que tiene sentido posponer o evitar directamente correr por la playa: lesiones recientes en tobillo, rodilla o cadera; fascitis plantar activa; problemas articulares o tendinosos crónicos sin controlar; o días con alertas de calor extremo. Si tienes dudas sobre si tu situación concreta lo permite, tu farmacéutica o farmacéutico de confianza y tu fisioterapeuta pueden ayudarte a valorarlo.

Conclusión

Correr por la playa puede ser un estímulo distinto y beneficioso dentro de tu entrenamiento, pero no es un terreno neutro: exige más energía, pone a prueba tendones y estabilizadores, multiplica la radiación solar que recibes y puede jugarte una mala pasada si no cuidas la hidratación. Nada de esto significa que debas evitarlo; solo que conviene tratarlo con el mismo criterio que aplicarías a cualquier cambio de superficie o de intensidad en tu entrenamiento.

Ajusta el ritmo, cuida tus pies, protege tu piel y disfruta del cambio de paisaje. Y si algo empieza a dolerte de forma persistente, no lo dejes pasar: en tu farmacia de confianza podemos orientarte sobre los primeros pasos a seguir.

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CORRER LLOVIENDO

Hoy sólo os vamos a dar unos consejos básicos para correr bajo la lluvia para aquellos de vosotros que sois principiantes y que os habeis tomado en serio salir a correr…y no poneis ninguna excusa…

Antes de salir a correr, deberías hacer un calentamiento previo bajo techo.

Lo ideal es llevar un chubasquero adecuado. Éste debería ser lo suficientemente impermeable para repeler la lluvia, pero lo suficientemente transpirable para no sudar mucho. Otra opción es llevar un cortavientos.

No lleves varias capas debajo del chubasquero, con una camiseta transpirable más que suficiente. Si la lluvia acaba traspasando el chubasquero la sensación de humedad y frío será peor contra más capas lleves. Utilizar como primera capa ropa deportiva térmica es una de las mejores alternativas, para mantenernos protegidos. Es esencial que elijamos tejidos que permitan la transpiración y no acumulen el sudor. Decantarnos por tejidos técnicos es lo más adecuado.

Con la lluvia perdemos la visibilidad, por eso también es importante llevar ropa reflectante, porque ayudará a que te vean mejor y evitar sorpresas desagradables.

La humedad suele producir rozaduras en los pies, así que puedes ponerte un poco de vaselina para evitar rozaduras.

Si vas a correr a la montaña, evita que el barro se acumule en tus zapatillas. Además, el exceso de agua puede afectar al agarre de nuestras zapatillas y hacer que perdamos el equilibrio. Es cierto que el terreno mojado mitiga el impacto en nuestras articulaciones, pero en el terreno mojado es más fácil sufrir torceduras y caídas.

Aunque…si está lloviendo demasiado, a veces es mejor parar, esperar, o hacer un entrenamiento diferente.

Con la lluvia perdemos la visibilidad, por eso también es importante llevar ropa reflectante, porque ayudará a que te vean mejor y evitar sorpresas desagradables

Terminado el entrenamiento bajo la lluvia o con mucho frío, rápidamente deberás realizar los estiramientos, pero en lugar seco ya y ponte rápidamente ropa que no esté mojada. La humedad de la piel al evaporarse (como el sudor) genera enfriamiento.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.as.com
  • www.carreraspopulares.com
  • www.streetprorunning.com
  • www.elmundo.com
  • www.sport.es
  • www.sportadictos.com
  • www.vitonica.com

 

 

CUIDADO CON LAS LESIONES

Es importante practicar algún deporte para conseguir fortalecer la musculatura y evitar así posibles daños o lesiones en codos, hombros, muñecas, tobillos, etc.

Las articulaciones son más propensas a las lesiones cuando los músculos y los ligamentos que las sostienen son débiles. Es fundamental evitar el sedentarismo y ejercitar el cuerpo.

El mejor tratamiento es la prevención:

Por eso el primer paso para hacer deporte es el calentamiento. Gracias a este periodo de preparación, los músculos consiguen soportar la intensidad del trabajo que más tarde se va a realizar.

Realizar un correcto calentamiento permite que los músculos soporten la intensidad del trabajo que el deportista va a realizar más tarde y así se reduce el riesgo de sufrir daños.

Cuando un músculo no se ha calentado con anterioridad está más expuesto a lesiones con roturas fibrilares y contracturas.

Algunos de los efectos beneficiosos que produce la preparación son:

  • Reducción de la viscosidad muscular, por lo que mejora la contracción-relajación muscular
  • Mejora de la elasticidad de la musculatura y los tendones
  • Aumenta la temperatura corporal, lo que acelera el metabolismo y permite que el organismo utilice más eficazmente los sustratos fundamentales para la producción de la energía que requiere la actividad física intensa.

Tampoco hay que olvidar que después de un entrenamiento o competición, es fundamental realizar ejercicios de enfriamiento para volver a la situación de reposo de forma paulatina y para relajar los músculos.

Andar o nadar puede ser muy beneficioso para nuestras articulaciones ya que el agua amortigua el impacto el deporte que se está realizando.

La hidratación antes, durante y después del ejercicio y una dieta sana y equilibrada son clave para no padecer calambres y otras lesiones.

CUIDA TUS LESIONES:

Si  tienes un problema articular, evita los deportes de arena ya que podrían agravar tu lesión por la inestabilidad del terreno que somete a las articulaciones a un esfuerzo extraordinario y en el que puede producirse con facilidad una sobrecarga inesperada y repentina.

CAUSAS DE LAS LESIONES Y LESIONES PREVIAS:

La mayoría de lesiones producidas en el deporte se debe a métodos de entrenamiento incorrectos, anomalías en la estructura de la persona que hacen forzar más unas partes del cuerpo que otras, y a la debilidad de los músculos, tendones y ligamentos.

Aún así, en las personas que hacen deporte habitualmente pueden encontrarse situaciones de riesgo que podrían provocar una lesión articular, ya que el desgaste crónico es la causa de muchas lesiones.

En el caso de arrastrar lesiones previas, es vital conocer bien cuándo, cómo y por qué ocurrieron  para intentar que se repitan o se agravien.

Una vez que se ha producido una lesión es fundamental buscar un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado.

Recomendaciones para evitar que las articulaciones resulten dañadas al hacer deporte:

  • Evitar el sobrepeso: las estructuras articulares están diseñadas para una determinada fisionomía. Si el peso se excede, las articulaciones tienen que realizar un mayor esfuerzo.
  • Tener una musculatura adecuada: el control que ejercen los músculos sobre la articulación es importante.
  • Prepararse (calentar) antes de practicar deporte: no todos los ejercicios se adaptan a las condiciones físicas y estructurales de una persona, para practicar algún deporte hay que realizar una preparación mínima que evite lesiones.
  • Usar un buen calzado para absorber mejor el impacto y minimizar las lesiones.
  • Realizar un entrenamiento con ejercicios combinados reduce la posibilidad de sobre exigir a músculos o articulaciones.
  • Se deben evitar bloqueos articulares en la ejecución de ejercicios (especial atención a personas hiperlaxas). Mucho cuidado con sobrecargar el entrenamiento de pierna. Contraindicado totalmente la total hiperflexión de la rodilla que pueda dañar al menisco, evitaremos por tanto sentadillas profundas. También es recomendable minimizar los impactos en el entrenamiento (cuidado con los saltos), si no hay una técnica y musculatura preparada, ya que podrías estar desgastando prematuramente tus articulaciones.
  • El exceso de ejercicio físico puede producir fatiga muscular y, posteriormente a lesiones articulares, debido al exceso de trabajo.
  • Si tienes alguna articulación inflamada, se debe mantener reposo y en ningún caso sobre utilizar dicha articulación ya que corres el riesgo de producir daños irreversibles….¡ Y no te olvides de ir al médico!

Ejemplo en el caso de lesión en la rodilla:

Si tenemos molestias en la rodilla, es importante evitar el cardio de impacto. Por ejemplo, en vez de correr es mejor hacer bicicleta, elíptica o nadar.

A la hora de fortalecer las rodillas las sentadillas son el mejor ejercicio que podemos hacer.

Las zancadas son el segundo ejercicio que te va a ayudar a fortalecer la rodilla en situaciones normales. Podemos hacerlas con mancuernas, barra e incluso sin peso e ir poco a poco progresando a medida que vayamos mejorando.

Comenzamos de pie en una posición cómoda y normal y damos un gran paso adelante de tal forma que cuando flexionemos las piernas ambas forme un ángulo cercano a los 90º y la rodilla trasera quede pegada al suelo, no es necesario que toque.

Importantísimo mantener la estabilidad en las piernas y en la rodilla en todo momento.

Otra forma de trabajar es mediante el uso de las máquinas, las cuales permiten un movimiento mucho más controlando y suelen utilizarse especialmente en la rehabilitación de ciertas lesiones.

No todos estamos al mismo nivel físico, por lo que nunca fuerces tu cuerpo más de lo que puedes. Ponte metas, pero aumenta la intensidad de los entrenamientos poco a poco.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.iccimplantecartilago.com
  • www.sanitas.es
  • www.uppers.es
  • www.altafitgymclub.com
  • www.vitonica.com
  • www.fisioterapiaonline.com

 

 

AQUARUNNING

El aquarunning es una forma distinta de entrenar que consiste, como su propio nombre indica, en correr dentro del agua. Ideal para recuperarse de lesiones y minimizar el riesgo de recaída. Este entrenamiento cubre todos los aspectos de realizar running pero sin sufrir el duro impacto.

El agua es un medio ideal para practicar deporte ya que apenas ofrece impactos que puedan dañar nuestros músculos y articulaciones, pero a la vez nos ofrece una resistencia al movimiento que nos permite mantener un nivel de intensidad adecuado.

Con este tipo de ejercicio trabajas a fondo todos los músculos del cuerpo, al igual que sucede con la natación. Además, tú cuerpo demandará más oxígeno, lo que hará que mejores la capacidad respiratoria.

Cada vez son más los que se apuntan a esta disciplina deportiva que practican personas de cualquier edad ya que, al igual que el aquagym o el aquafitness, su intensidad puede adaptarse a la condición física de cada una de ellas.

Las ventajas de correr dentro del agua:

El hecho de correr en un medio acuático resulta sorprendente sobre todo cuando se hace por primera vez. Por un lado, el cuerpo tiende a flotar y el impacto es mínimo en cada zancada, y, por otro, la resistencia que produce el agua que nos rodea, hace que el intento de avanzar cueste más. Estas propiedades son las responsables de los beneficios del aquarunning que te indicamos:

  • Articulaciones protegidas.Es, sin duda, la gran ventaja de correr en el agua. Al no impactar con todo nuestro peso en el suelo de la piscina porque flotamos, las articulaciones, especialmente las de las rodillas, quedan a salvo del riesgo de lesiones. Son muchos los deportistas de élite que practican aquarunning para mantener su forma física en periodos en los que sus articulaciones necesitan un descanso o una efectiva recuperación.
  • Mayor resistencia y velocidad.Haz la prueba. Al igual que al hacer natación, después de entrenar varias semanas haciendo aquarunning, corre en seco y verás que aguantas más y eres más veloz. El motivo es evidente. Mover piernas y brazos bajo el agua requiere un esfuerzo mayor para vencer la resistencia que genera la propia presión del líquido que te rodea y te “impide” avanzar.
  • Trabajo cardiovascular intenso.Aunque a primera vista, pueda parecer más sencillo que correr en tierra, el aquarunning es un deporte aeróbico muy exigente, que ayuda a mejorar la circulación y a fortalecer el sistema cardiovascular.
  • Mayor flexibilidad.Es otro de los grandes beneficios del aquarunning. Todo nuestro cuerpo está bajo el agua y se mueve de manera más ligera favoreciendo una mayor flexibilidad de las articulaciones, tanto del tren superior como del inferior.
  • Quema de calorías.Entrenadores y expertos consideran que 15 – 20 minutos de aquarunning equivalen a 45 minutos de carrera en tierra, por lo que, correr en el agua no es solo una excelente manera de mantenerte en forma, sino de quemar una cantidad de calorías, más que considerables.

Cómo se practica:

El tronco debe estar recto y los hombros, siempre relajados, han de quedar fuera del agua o a su nivel. La idea es mantener la postura como si corrieses en “seco”, controlando en todo momento los distintos movimientos y la respiración. Puede hacerse descalzo o con zapatillas de agua y, en las primeras sesiones, suele recurrirse a la ayuda de un cinturón- flotador específico que ayuda a mantener la posición correcta.

El aquarunning es perfecto para desarrollar la fuerza y tonificar, sobre todo, el tren inferior, pero también la zona abdominal y el tren superior.

Con el agua a la altura de la cintura podemos trabajar más velocidad con la resistencia extra que el agua otorga respecto al aire y disminuyendo entre un 40% y 50% el impacto en las articulaciones; si deseamos correr en una profundidad mucho mayor, es decir con el agua a la altura de las axilas, entonces haremos una labor de fuerza-potencia.

Para empezar siempre hay que hacer un calentamiento, de 10 o 15 minutos.

Tiempo: Corre a intensidad media durante 5 minutos y descansa 1 o 2. Hazlo más de dos veces.

Series cortas: Sobre la superficie es muy fácil aumentar el ritmo y hacer pequeñas series hasta el siguiente árbol, sin embargo, en la piscina tendrás que guiarte con los elementos que tengas a la vista: las boyas, la escalera o la pintura del fondo.

Regularidad: No hay que tirarse al agua y empezar a correr como loco. Lo importante es que distribuyas el ejercicio a lo largo de 30-45 minutos para que puedas aguantar el ritmo “que te pide el cuerpo”.

Recomendaciones finales:

El aquarunning se aconseja también para todos aquellos individuos que posean escasa movilidad articular y flexibilidad, personas con problemas cardiorrespiratorios leves o moderados, para quienes padezcan afecciones psicomotrices, de coordinación dinámica general, con falta de tono muscular y atrofia general. También otorga buenos resultados en individuos con problemas de postura, falta de ritmo y agilidad, con lesiones generales en toda la columna vertebral y para los que simplemente son amantes de las piscinas y tienen ganas de hacer ejercicio.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.miarevista.es
  • www.marie-claire.es
  • www.sportadictos.com
  • www.guiafitness.com
  • www.clarin.com
  • www.triatlonweb.es
  • www.42running.com