VOLVER A ENTRENAR

Volver a entrenar después de un parón: la guía completa para retomar el running sin lesionarte

Persona retomando el running en un parque tras un parón de entrenamiento

Llevas dos semanas, dos meses o puede que medio año sin calzarte las zapatillas. Puede haber sido por unas vacaciones, una lesión, un embarazo, un trabajo que te ha comido las tardes o, simplemente, porque la vida se puso en medio. Sea cual sea el motivo, ahora estás decidido a volver a entrenar… y aquí es donde, desde la farmacia, vemos llegar a dos perfiles muy distintos: quien retoma con cabeza y va sumando semanas sin sobresaltos, y quien quiere recuperar en la primera sesión el nivel que tardó meses en construir — y acaba con una tendinitis, una sobrecarga o el ánimo por los suelos.

La buena noticia es que tu cuerpo recuerda más de lo que crees. La menos buena es que necesita que se lo pongas fácil. En esta guía repasamos qué le pasa exactamente a tu forma física cuando dejas de entrenar, cuándo conviene pasar antes por el médico, cómo plantear tu vuelta según tu caso concreto y qué errores evitar para que esta vez la vuelta se quede.

(Si nunca has corrido y quieres empezar desde cero, esta guía no es exactamente para ti: te interesa más nuestra miniguía para quienes empiezan desde cero. Esta es para quien ya corría y necesita retomarlo.)

¿Cuánto tardas en perder la forma física?

 

Menos de lo que te gustaría, pero más despacio de lo que temes. La pérdida de forma física —lo que en fisiología del ejercicio se llama desentrenamiento— no ocurre de golpe, sino en fases:

  • Las dos primeras semanas apenas se notan. El sistema cardiovascular aguanta bien y la fuerza no se resiente todavía.
  • Entre la 3ª y la 4ª semana empieza a notarse de verdad: el consumo máximo de oxígeno (VO2 máx), es decir tu capacidad aeróbica, puede caer en torno a un 7%. Es el motivo por el que un rodaje que antes te parecía tranquilo ahora se te hace cuesta arriba.
  • Entre el primer y el segundo mes la pérdida se acentúa —hasta un 16% de VO2 máx en algunas revisiones— aunque la fuerza y la resistencia muscular aguantan mejor que el fondo cardiovascular.
  • A partir de los 3 meses la pérdida ya es notable, pero aquí entra en juego la memoria muscular: tu cuerpo recupera las ganancias pasadas más rápido que si partieras de cero, aunque hayan pasado meses desde tu última sesión.

Si quieres profundizar en la fisiología de este proceso, Grupo Sobre Entrenamiento recoge en una revisión de referencia cómo evoluciona la pérdida de adaptaciones fisiológicas al interrumpir el entrenamiento. Quédate con la idea principal: no necesitas empezar de cero salvo que el parón haya sido muy largo, pero sí necesitas respetar una progresión.

¿Necesitas el visto bueno médico antes de calzarte las zapatillas?

Antes de retomar, conviene hacer una pausa y valorar tu caso con sinceridad. El running es un deporte de impacto que exige a articulaciones, columna y sistema cardiorrespiratorio, así que no está de más un chequeo previo si el parón ha sido largo o si arrastras algún factor de riesgo.

Chequeo médico-deportivo antes de retomar el running tras un parón

Como norma general, consulta con tu médico o tu farmacéutico de confianza antes de empezar si llevas más de 3 meses sin entrenar, si convives con una cardiopatía, diabetes o artritis, si el parón fue por una lesión que no diste por completamente resuelta, si notas dolor torácico, mareo o falta de aire desproporcionada al esfuerzo, o si tienes más de 50 años y vienes de una etapa muy sedentaria. Ninguna de estas situaciones significa que no puedas volver a correr: significa que conviene hacerlo con un profesional vigilando el proceso, no que tengas que renunciar.

Los factores que determinan cómo debes volver

No hay una única forma correcta de retomar el running: depende de tu caso. Cuatro factores marcan la diferencia:

  • La duración de tu parón. No es lo mismo un mes que un año.
  • Tu edad. La recuperación de la capacidad de trabajo y la tolerancia a la carga varían con los años.
  • Tu forma física antes de parar. Quien corría maratones parte de una base distinta a quien salía a trotar ocasionalmente.
  • El motivo del parón. Y este es el que más cambia el plan: si paraste por una lesión, tu prioridad son los ejercicios específicos de estiramiento y fortalecimiento de la zona afectada, para evitar que se repita o que aparezcan compensaciones en tendones, músculos o articulaciones. Si paraste por otras causas (trabajo, viaje, falta de tiempo, desmotivación), lo ideal es iniciarte en ejercicio aeróbico de baja intensidad combinado con fortalecimiento general, terminando siempre con estiramientos.

El error más habitual en este punto es tener en la cabeza el nivel de antes del parón y querer alcanzarlo más rápido de lo razonable. Eso es precisamente lo que hace que la vuelta salga mal.

Tu plan de reincorporación progresiva

Progresión de caminar y trotar para volver a correr después de un parón

Si tu parón ha sido de varias semanas o más, alternar caminar y trotar es, con diferencia, la forma más segura de retomar. Un esquema sencillo: un minuto trotando, dos caminando, durante 20-25 minutos, tres veces por semana, alargando cada semana un poco los tramos de carrera. El truco para saber si vas al ritmo correcto sigue siendo el mismo que para quien empieza de cero: si puedes mantener una conversación mientras trotas, vas bien.

Si prefieres seguir una progresión ya estructurada en lugar de improvisar semana a semana, tenemos un plan de entrenamiento de 12 semanas para empezar a correr que también funciona muy bien como esquema de reincorporación, ajustando la intensidad de partida a tu nivel real y no al de antes del parón.

Y aprovecha este momento para revisar algo que solemos pasar por alto: el estado de tus zapatillas. Si llevan meses paradas en el armario, no solo pueden haber perdido amortiguación — es buen momento para comprobar si siguen siendo las adecuadas para tu pisada, sobre todo si el parón vino acompañado de un cambio de peso, de una lesión o simplemente de unos cuantos años. Un cuaderno de entrenamiento sencillo también ayuda mucho en esta fase: llevar el registro de cómo te sientes semana a semana es lo que te permite frenar a tiempo en vez de descubrir la sobrecarga cuando ya está instalada.

Si entrenas habitualmente con un entrenador o preparador físico, este es buen momento para comentarle cómo vas a plantear estas primeras semanas: una mirada externa ayuda a no acelerar la progresión más de la cuenta.

Alimentación, hidratación y sueño en tu vuelta

Hidratación y descanso después de retomar el entrenamiento de running

Al retomar la actividad aumenta el gasto calórico, así que conviene ajustar la ingesta de forma equilibrada: un tercio de hidratos, un tercio de proteína y un tercio de verdura es una buena regla mental para no complicarte. No te saltes comidas ni te obsesiones si algún día no comes exactamente así — el equilibrio se construye en semanas, no en una tarde.

La hidratación merece una mención aparte en esta fase: tu cuerpo vuelve a acostumbrarse a sudar y a regular temperatura, así que bebe antes, durante (si la sesión supera los 45-60 minutos) y después de entrenar. Si retomas en plena ola de calor o entrenas a última hora, una bebida con electrolitos ayuda a reponer lo que se pierde con el sudor y reduce el riesgo de calambres en estas primeras semanas, cuando el cuerpo todavía no está aclimatado al esfuerzo.

Y no subestimes el sueño: es, literalmente, cuando tu cuerpo repara el tejido muscular y consolida la adaptación al nuevo estímulo. Entrenar todos los días desde la primera semana de vuelta, sin dormir lo suficiente entre sesión y sesión, no acelera el progreso — lo frena, y es una de las causas más habituales de lesión en quien retoma con muchas ganas.

Señales de que te has pasado con la vuelta

Una cosa son las agujetas normales de las primeras sesiones, y otra muy distinta las señales de que estás forzando más de lo que tu cuerpo puede asumir todavía. Presta atención si aparece dolor que no cede con el descanso (a diferencia de la molestia muscular puntual, que sí mejora), calambres frecuentes durante o después de entrenar, fatiga que no remite entre sesiones, insomnio a pesar del cansancio físico, o una caída notable de la motivación de un día para otro. Si te suena alguna de estas señales, no es momento de apretar los dientes: es momento de bajar el ritmo dos o tres sesiones, revisar tu hidratación y tu descanso, y solo retomar la progresión cuando las molestias hayan desaparecido del todo. Si los calambres musculares se repiten con frecuencia, merece la pena revisar también tu hidratación y tu aporte de electrolitos, no solo el volumen de entrenamiento.

Los errores más frecuentes al volver a entrenar

  • Querer recuperar en la primera o segunda semana el nivel que tenías antes del parón.
  • Saltarte el calentamiento o los estiramientos «porque total, es solo un rodaje suave».
  • Ignorar un dolor que persiste «porque ya se pasará» en vez de pararlo a tiempo.
  • Compararte con tu ritmo de antes del parón, o con el de otra persona que no ha parado.
  • Entrenar todos los días desde el minuto uno, sin dejar margen para dormir e hidratarte bien.

Vuelve, pero vuelve para quedarte

Volver a entrenar no es una cuestión de fuerza de voluntad de un solo día: es la suma de decisiones pequeñas en cada sesión. El chequeo que sí te haces, la progresión que respetas aunque tengas prisa por recuperar tu nivel, las zapatillas que revisas antes de la primera salida. Guarda esta guía para consultarla en tu primera quincena de vuelta, y si quieres que te avisemos cada vez que publiquemos contenido como este, suscríbete a nuestra newsletter — sin spam, solo lo que de verdad te sirve para entrenar con cabeza.

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DUERME Y CORRE

DUERME BIEN, CORRE MEJOR: LA CIENCIA DEL SUEÑO EN EL RUNNING

Dormir mejor para correr es uno de los factores más importantes para mejorar el rendimiento deportivo. Sin embargo, muchos corredores se centran en el entrenamiento y la alimentación mientras descuidan el descanso, que es donde realmente se produce la recuperación muscular.

Cuidas tu piel del sol antes de salir a correr (protección solar). Revisas tus pies para evitar rozaduras y hongos antes de una tirada larga (cuidado de tus pies). Pero hay un pilar de tu entrenamiento que casi nunca aparece en tu plan semanal, aunque decide buena parte de tus resultados: el sueño.

Corredora durmiendo profundamente, fase clave de la recuperación muscular nocturna

Dormir para correr mejor no es una frase bonita, es fisiología pura. Mientras duermes, tu cuerpo no se limita a «apagarse»: repara, reconstruye y prepara el terreno para tu siguiente sesión.

En este artículo te cuento qué ocurre en tu organismo mientras duermes, cuántas horas necesitas si entrenas con regularidad, y qué dice la evidencia científica sobre el precio real de dormir poco.

¿Por qué el sueño es parte de tu entrenamiento (aunque no lo parezca)?

Cuando entrenas —una tirada larga, series o un día de fuerza— generas pequeñas roturas en las fibras musculares y una respuesta inflamatoria controlada. Es una parte normal y necesaria del proceso: así es como el músculo se adapta y se vuelve más fuerte. Pero esa adaptación no ocurre durante el entrenamiento, sino después, en el descanso.

Si no duermes lo suficiente, los niveles de cortisol (la hormona del estrés) tienden a mantenerse elevados más tiempo del necesario, lo que dificulta la recuperación muscular. Un cortisol crónicamente alto por falta de sueño puede jugar en tu contra tanto como el sobreentrenamiento sin descanso.

Por eso decimos que dormir bien forma parte del entrenamiento invisible: esa parte del plan que no aparece en tu reloj GPS, pero que determina si el trabajo hecho en la pista o el asfalto se traduce en mejoras reales.

Qué le pasa a tu cuerpo mientras duermes

Reparación muscular y hormona del crecimiento

Durante las fases de sueño profundo (sueño de ondas lentas), el cuerpo libera la mayor parte de la hormona del crecimiento (GH) de todo el día. Esta hormona es clave para la síntesis de proteínas musculares y la reparación de los tejidos desgastados durante el entrenamiento. Dicho de forma sencilla: las primeras horas de sueño profundo son, literalmente, tu ventana de reconstrucción muscular.

Puedes entender mejor este proceso en nuestro artículo sobre microlesiones musculares en el running y cómo se recupera el cuerpo.

Melatonina: mucho más que la «hormona del sueño»

La melatonina, secretada por la glándula pineal al inicio de la noche, no solo regula tu reloj biológico. Distintas líneas de investigación apuntan a que también desempeña un papel protector frente al estrés oxidativo que genera el ejercicio intenso, actuando como una defensa antioxidante adicional durante la recuperación. Es un campo de estudio en desarrollo, pero refuerza la idea de que dormir no es un simple paréntesis en tu día.

Consolidación de la técnica de carrera

Durante la fase REM, el cerebro consolida el aprendizaje motor: la coordinación, el gesto técnico, los patrones de zancada trabajados en el entrenamiento. Por eso, después de una sesión de técnica o un ejercicio de fuerza nuevo, dormir bien esa noche ayuda a «fijar» lo aprendido.

Cuánto sueño necesita realmente un corredor

La recomendación general para adultos es de 7 a 9 horas por noche, y quienes entrenan de forma regular suelen beneficiarse de acercarse al extremo superior de ese rango, sobre todo en semanas de carga alta.

Reloj deportivo mostrando los datos de las fases de sueño de un corredor

Una de las investigaciones más citadas en este terreno es la de la Dra. Cheri D. Mah y su equipo del Stanford Sleep Disorders Clinic and Research Laboratory, publicada en la revista Sleep. Su equipo pidió a un grupo de jugadores de baloncesto universitario que ampliaran su tiempo de sueño durante varias semanas y midió el efecto sobre su rendimiento. Los resultados: mejoraron su velocidad en sprints, su precisión de tiro, su tiempo de reacción y su estado de ánimo, además de reducir la somnolencia diurna.

El estudio se hizo con baloncestistas, no con corredores, y no puede extrapolarse punto por punto a nuestro deporte. Pero el mecanismo de fondo —más sueño, mejor recuperación neuromuscular, mejor rendimiento— es perfectamente trasladable al running.

Si tienes semanas de entrenamiento especialmente exigentes (bloques de calidad, preparación de una maratón), una siesta corta de 20-30 minutos puede sumar sin restar calidad al sueño nocturno.

El precio de dormir poco: más lesiones y más resfriados

Aquí es donde el sueño deja de ser «una cuestión de bienestar» y pasa a ser una cuestión de salud deportiva muy concreta.

Un estudio publicado en el Journal of Pediatric Orthopaedics (Milewski et al., 2014) analizó los hábitos de sueño de más de un centenar de deportistas jóvenes y encontró que quienes dormían de media menos de 8 horas por noche tenían 1,7 veces más riesgo de sufrir una lesión que quienes dormían 8 horas o más. El estudio se hizo en población adolescente, pero el mecanismo de fondo —peor recuperación de tejidos, más fatiga acumulada, menor tiempo de reacción— es igual de relevante en corredores adultos.

Dormir poco no solo aumenta la fatiga acumulada, también puede alterar los procesos de recuperación muscular y favorecer la aparición de problemas físicos. Si quieres conocer cuáles son las lesiones más frecuentes entre corredores y cómo prevenirlas, puedes leer nuestro artículo sobre lesiones habituales del running.

El sueño insuficiente también pasa factura a tus defensas. Una investigación publicada en Archives of Internal Medicine (Cohen et al., 2009) mostró que las personas que dormían menos de 7 horas tenían aproximadamente el triple de probabilidad de desarrollar un resfriado tras exponerse al virus, frente a quienes dormían 8 horas o más. En corredores sometidos a cargas altas de entrenamiento —maratones, picos de forma—, varios estudios han encontrado un aumento notable de infecciones respiratorias en la semana o dos posteriores a la prueba, justo cuando el sueño suele ser más irregular por los nervios, los viajes o los horarios.

Si además quieres reforzar tus defensas desde otro frente, este artículo sobre probióticos y rendimiento deportivo te interesa.

Entrenar de noche sin sabotear tu sueño

Si entrenas por la tarde o la noche, es habitual notar que cuesta conciliar el sueño después. La razón principal es la adrenalina y la temperatura corporal, que tardan un rato en bajar tras el esfuerzo.

Como norma general, conviene dejar pasar entre 3 y 4 horas entre el final del entrenamiento intenso y la hora de acostarte. Si tu horario no te lo permite, prioriza que la sesión sea más suave (rodaje fácil en lugar de series) cuanto más se acerque a tu hora de dormir, y añade una rutina de bajada de intensidad: estiramientos suaves, ducha templada y luz tenue en la última hora antes de dormir.

Dormir bien en verano, cuando el calor también entrena tus noches

En los meses de calor, el reto no es solo entrenar sin sufrir un golpe de calor, sino también dormir bien en noches en las que el termómetro no baja lo suficiente. Un dormitorio por encima de 24-25°C dificulta que el cuerpo alcance las fases de sueño profundo donde ocurre buena parte de la reparación muscular.

Algunos ajustes sencillos: entrena en las horas más frescas del día para no acumular calor corporal justo antes de dormir, ventila el dormitorio antes de acostarte, y evita duchas o cenas muy calientes en la hora previa al sueño.

Rutina de higiene del sueño para corredores

dormitorio oscuro y fresco, cortinas opacas entreabiertas, ambiente ordenado — ejemplo visual de buena higiene del sueño.

  • Mantén un horario de sueño estable, incluso los fines de semana.
  • Deja pasar 3-4 horas entre el entrenamiento intenso y la hora de dormir.
  • Cuida la temperatura del dormitorio (idealmente 18-20°C).
  • Reduce la luz y las pantallas en la última hora antes de acostarte.
  • Modera la cafeína a partir de media tarde.
  • Si haces siesta, que sea corta (20-30 minutos) y no muy tarde.

Cuándo consultar con un profesional

Si duermes las horas recomendadas y aun así te levantas cansado, si te cuesta más de 30 minutos conciliar el sueño de forma habitual, o si te comentan que roncas fuerte o haces pausas en la respiración, no lo dejes pasar. El insomnio crónico y trastornos como la apnea del sueño son tratables, pero necesitan una valoración profesional, no solo fuerza de voluntad. Como farmacéutica, también puedo orientarte sobre productos de apoyo al descanso y cuándo tiene sentido usarlos o pedir ayuda especializada.

 

Ahora ya sabes que dormir mejor para correr no es un consejo más, sino una parte esencial de cualquier plan de entrenamiento.

Preguntas frecuentes sobre sueño y running (FAQ)

¿Cuántas horas debe dormir un corredor?

La mayoría de los adultos necesita entre 7 y 9 horas de sueño cada noche, pero los corredores que entrenan de forma regular suelen recuperarse mejor acercándose a las 8-9 horas, especialmente durante la preparación de una media maratón o una maratón.

¿Dormir poco afecta al rendimiento al correr?

Sí. Dormir menos de lo necesario puede disminuir la velocidad, aumentar la sensación de esfuerzo, empeorar el tiempo de reacción y dificultar la recuperación muscular. Además, favorece la fatiga acumulada y puede aumentar el riesgo de lesiones.

¿Es mejor correr por la mañana o por la noche para dormir bien?

Depende de cada persona, pero si entrenas por la noche intenta terminar la sesión al menos 3 o 4 horas antes de acostarte. El ejercicio intenso eleva la temperatura corporal y la activación del sistema nervioso, lo que puede retrasar el inicio del sueño.

¿La siesta mejora la recuperación de un corredor?

Sí, siempre que sea corta. Una siesta de 20 a 30 minutos puede ayudar a reducir la fatiga y mejorar la recuperación sin interferir con el sueño nocturno.

¿Dormir más reduce el riesgo de lesiones deportivas?

La evidencia científica indica que sí. Diversos estudios han observado que los deportistas que duermen menos horas presentan un mayor riesgo de sufrir lesiones, probablemente porque recuperan peor los tejidos y disminuye su capacidad de reacción.

¿Puede el sueño mejorar mi técnica de carrera?

Sí. Durante la fase REM del sueño, el cerebro consolida el aprendizaje motor. Esto significa que los ejercicios de técnica, coordinación y fuerza realizados durante el entrenamiento se fijan mejor cuando se duerme adecuadamente.

¿Es recomendable tomar melatonina si entreno?

La melatonina puede ser útil en algunas situaciones, como el jet lag o determinados trastornos del sueño, pero no debería utilizarse de forma rutinaria sin valorar la causa del problema. Si el insomnio es persistente, lo recomendable es consultar con un profesional sanitario.

¿Dormir poco puede hacer que me resfríe más?

Sí. Dormir menos de siete horas de forma habitual puede debilitar la respuesta del sistema inmunitario, aumentando la probabilidad de sufrir infecciones respiratorias, especialmente durante periodos de entrenamiento intenso.

¿Cuál es la temperatura ideal para dormir si entreno?

Lo ideal es mantener el dormitorio entre 18 y 20 °C. Una habitación demasiado calurosa dificulta alcanzar el sueño profundo, la fase en la que se produce gran parte de la recuperación muscular.

¿Qué es más importante para un corredor: entrenar una hora más o dormir una hora más?

Si ya sigues un plan de entrenamiento adecuado, una hora adicional de sueño suele aportar más beneficios que una hora extra de entrenamiento cuando existe déficit de descanso. La mejora física se produce durante la recuperación, no mientras corres.

 

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CORRER PARA GANAR SALUD

Puedes comenzar a correr en cualquier etapa de tu vida.

Sólo hay que tener ganas…y supervisión médica si fuera necesario para evitar posibles problemas cardiovasculares o de cualquier otro tipo según el estado previo de salud de cada persona.

Se puede combinar el correr con la natación o bien cualquier día de gimnasio para progresar y robustecer las articulaciones.

Tanto caminar como correr te aportan los mismos beneficios para la salud:

  • Mejora la calidad del sueño
  • Mejora o previene el insomnio
  • Disminuye la ansiedad
  • Tonifica la musculatura
  • Mejora la circulación
  • Previene la hipertensión arterial
  • Mejora la depresión y mal humor
  • Mejora las migrañas
  • Disminuye la resistencia a la insulina o hiperinsulinismo
  • Previene el desgaste osteomuscular

ENTRENAMIENTO BÁSICO PARA PRINCIPIANTES DEL RUNNING…POR FASES:

No te preocupes si alguna de las fases te cuesta un poco más, alárgala una semana más, lo importante es que te sientas cómodo y disfrutes con tus progresos.

Quien camina, trota o corre de 3 a 5 veces por semana, mantiene su metabolismo basal activo inclusive los días que no realizas actividad física.

ESTIRAMIENTOS ANTES DE CORRER:

Los estiramientos te van a ayudar a activar los músculos y además favorecerán la regeneración de tus músculos en los periodos de reposo.

1º Fase de adaptación:

Dura entre 1 y 2 semanas, consiste en hacer 3 sesiones por semana. En cada sesión deberás calentar caminando entre 10 y 15 minutos  consecutivos, es importante que seguir un ritmo constante, sin mucho esfuerzo pero sin detenerse.

2º Fase de fortalecimiento:

En la 3ª semana has de conseguir trotar más y caminar menos. Camina durante 12 minutos intercalando 3 minutos de caminata y 4 de trote. Si llegas a 20 minutos será genial.

3º Fase para empezar a correr:

Durante la 4ª semana ya podrás llegar a  correr 30 minutos, alternando 2 minutos de caminata rápida con un trote de 5 minutos.

4º Fase para correr seguido:

En la 5ª semana y siempre dependiendo de cómo te veas, puedes hacer salidas de 35 minutos, con intervalos de 2 minutos de caminata y 8 de trote.

5º Fase de intensificación:

Esta semana será la 6ª y podrás notar tu progreso, has ganado resistencia, fuerza y concentración. Ahora calienta sólo 10 minutos y trota directamente durante 20 minutos más.

6ª Fase final:

Seguro que ya puedes  llegar a correr 30 minutos seguidos. ¡Felicidades!

PERO RECUERDA…:

No hay que salir a correr todos y cada uno de los días, también hay que descansar. Escucha a tu cuerpo.

El  descanso es muy importante.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.tampsec.com
  • www.ibereconomia.es
  • www.diariobicicleta.com
  • www.soycorredor.es

 

 

CORRER CON ACUFENOS

¿Qué son los acúfenos?:

Los acúfenos (o tinnitus) son los ruidos que escuchamos en el oído que no provienen del exterior pero se escuchan en nuestros oídos perturbando nuestro día a día, generando a veces estrés, ansiedad, depresión insomnio, e incluso  pudiendo llegar a producir pérdida auditiva.

Habitualmente se manifiestan como zumbidos o pitidos.

Afectan a un 10 % de la población.

Los acúfenos suenan de diferente forma para cada paciente, pero en todos los casos es algo desagradable.

Posibles causas:

La aparición de un acúfeno puede estar relacionada con varios problemas del oído.

Pueden aparecer por una exposición a sonidos muy fuertes, por infecciones del oído medio,…

También es importante tener en cuenta que existen en el mercado cerca de 200 medicinas en cuya receta se especifica que pueden provocar zumbidos en los oídos, y es muy importante conocer los medicamentos ototóxicos que deberán evitar, fundamentalmente todas aquellas personas con antecedentes familiares ó personales de sordera ó acúfenos.

Otras veces están asociados a sordera o síntomas vertiginosos como demostración de daño del oído interno.

Cómo tratar los acúfenos:

Se debe ser examinado/a de forma completa por un otorrinolaringólogo  y hacerse diversas pruebas auditivas para poder determinar la causa orgánica de su acúfeno y ver de qué forma puede ser tratado.

A veces se puede identificar la causa del acúfeno y se puede eliminar o aliviar: tapones de cerumen, infecciones, alteraciones del riego sanguíneo, etc.

Controlar el estrés puede ser de utilidad en muchas personas con acúfenos.

COMO SE RELACIONAN EL DEPORTE Y LOS ACÚFENOS:

Correr, montar en bici, ir al gimnasio o, simplemente caminar, ayudan a nuestro cuerpo a estar en forma.

Sin embargo hay personas que sufren dolor de oídos después de realizar alguno de estos entrenamientos. Puede tratarse de un zumbido, un timbre, una pulsación….

Un acúfeno aumenta de volumen a causa de diferentes situaciones, al mover repentinamente la cabeza, al correr, ante situaciones estresantes, etc.

Este zumbido en los oídos puede deberse a un aumento en el flujo sanguíneo, provocado por el propio desarrollo de la actividad física.

Al hacer ejercicio, el corazón bombea más sangre para ayudar a los músculos. La sangre fluye por todo el cuerpo llegando a zonas como los oídos. El exceso de sangre se apunta como una de las causas del dolor de oídos.

En algunas personas, cuando el entrenamiento es más duro la sensación en el oído es más intensa. Pero en otras, ocurre todo lo contrario.

Es cierto que a algunas personas el correr les relaja, les libera tensiones, por lo que si existen preocupaciones o se está nervioso por algún motivo, correr  les liberará el estrés que haya generado el cuerpo (y si el acúfeno en su caso es producido por el estrés…desaparecerá o disminuirá).

El ejercicio incrementa el riego sanguíneo no sólo en las piernas, sino en todo el cuerpo así como también en el pabellón auditivo. De esta forma se aportan nutrientes que ayudan a preservar el oído.

Resumiendo…

Existe una relación  causa-efecto entre el deporte y los acúfenos, pero no está del todo claro, cual es la causa y cual es el efecto.

En todo caso, se debe consultar a un otorrino para intentar, por lo menos, aliviar los molestos acúfenos.

Este artículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.audiocentros.com
  • www.gaes.es
  • www.clinicavirginiamurcia.com
  • www.clinicadinamarca.com
  • www.fisioterapiadelaserna.com

RIESGOS DE LA PÉRDIDA EXCESIVA DE PESO CORPORAL

El cuerpo tiene que adaptarse poco a poco a la pérdida de peso, solo así después logrará mantener el peso alcanzado. Perder mucho en poco tiempo es síntoma de una dieta muy severa o un exceso de gasto de energía en relación a la ingesta, algo que a la larga pasa factura.

Los principales problemas de perder mucho peso en poco tiempo son:

  • la deshidratación
  • la sensación de fatiga crónica
  • la mayor probabilidad de sufrir una lesión
  • y la posibilidad de sufrir un trastorno de la alimentación como la anorexia.

La deshidratación en la pérdida de peso:

Muchas dietas milagro se basan en la pérdida de líquidos o deshidratación para crear una falsa sensación de pérdida de peso, ya que tarde o temprano ese agua se recuperará cuando volvamos a una normalidad dietética.

El ayuno, las dietas hiperproteicas y las dietas muy bajas en calorías las que provocan esta deshidratación. Estas pérdidas notables de agua en el organismos tienen consecuencias a nivel cardiovascular y renal pues la sangre es en su mayor parte agua y si hay deshidrtación la sangre se espesa y hay problemas en su circulación: la tensión arterial se desploma y comienzan los problemas para regular la temperatura corporal.

Con una pérdida del 2-4% del peso por deshidratación, hablamos de unos 2-3 kilos en una persona media de 70 kilos, supone una bajada de rendimiento importante en las funciones básicas, lo que nos lleva al siguiente apartado: la fatiga crónica o esa senación de que el cuerpo pesa y estamos constantemente cansados.

Fatiga crónica en grandes pérdidas de peso:

Este es uno de los primeros síntomas de que estamos haciendo mal una dieta para perder peso. Si el organismo se siente fatigado de manera constante quiere decir que estamos restringiendo demasiado los nutrientes y las actividades normales del organismo se resienten y trabajan bajo mínimos.

También se ve afectado el sistema nervioso. Las grandes pérdidas de peso activan el sistema nervioso parasimpático, es decir, el cuerpo se vuelve ahorrador de energía y no hay mejor forma de ahorrar energía que hacerle sentir cansado.

El hipotálamo, centro regulador de funciónes como el apetito, el sueño o las emociones también se verá alterado. Es por esto que cuando hacemos una dieta drástica el sueño se ve afectado, descansamos mal y estamos muy irascibles, todo nos molesta.

Aparición de lesiones en la pérdida de peso:

Un factor muy importante en la gente que hace deporte, ya que una pérdida drástica de peso conllevará también una pérdida de músculo, que en gran parte es el protector de huesos y articulaciones. Si nuestros músculos están más débiles y seguimos haciendo deporte con igual intensidad las lesiones no tardarán en aparecer.

Los huesos también pueden volverse más débiles debido a la falta de nutrientes, aumentando las probabilidades de sufrir una fractura cuando hacemos deporte. Si además unimos el hecho de que hay pocas reservas energéticas de glucógeno, habrá fatiga desde el momento en que comenzamos a hacer deporte, influyendo en la técnica y por tanto aumentando riesgo de lesión sobre todo en deportes más técnicos.

Obsesión por perder peso: trastornos de la alimentación:

Cuando se entra en la dinámica de perder mucho peso, llegará un momento en que pueda convertirse en una obesión y aparezcan los temidos trastornos de la alimentación como son la anorexia o bulimia. Situaciones en las que por muy bien que esté nuestro cuerpo, seguiremos percibiéndolo con exceso de grasa y la necesidad imperiosa (sea como sea), de perder peso.

No hay que pesarse todos los días, ni tan siquiera mirarse al espejo a diario para comprobar qué tal está nuestra figura porque se va a crear esa obsesión por el cuerpo, cuando lo que de verdad nos debe de importar es que mejore nuestra salud.

No existen los milagros, solo la constancia:

Se recomienda perder entre 1-2 kilos por semana máximo, que es como se produce una bajada gradual de peso que no requiere de una restricción tan brutal de calorías y al organismo le da tiempo a ir adaptándose al nuevo peso sin sufrir en exceso.

Esto solo se consigue con la mejora de hábitos dietéticos y por supuesto la complementación con ejercicio diario. Esta constancia entre dieta y ejercicio es la que hace que cuando pasen 2-3 meses, digamos adios para siempre a los kilos que hemos perdido, sin poner al límite nuestro cuerpo.

Muchos deportes tienen como base el peso como factor predominante para diferenciar categorías, y con frecuencia los deportistas intentan alcanzar el menor peso posible para ganar ventaja sobre sus oponentes, los cuales no se dan cuenta del grave riesgo que tiene para su salud.

Mas del 90% de las personas con trastornos alimentarios, son mujeres. Y en el campo deportivo, los deportistas que practican algún deporte relacionado con la exhibición (gimnasia, patinaje artístico…etc) y deportes que requieren de capacidad de resistencia (carreras y natación), son los que corren un mayor riesgo de padecer dichas enfermedades.

Estos transtornos alimentarios, asociados a una posible disfunción menstrual disminución de masa ósea (con el consecuente riesgo de osteoporosis o fracturas) son lo que llamamos tríada de la deportista, de la cual hablamos hace unos días.

Este ártículo ha sido elaborado con información extraida de:

  • www.buenaforma.org
  • www.vitónica.com
  • FISIOLOGIA DEL DEPORTE Y DEL EJERCICICO. Ed. Média Panamericana

 

Entrenamiento invisible: todo lo que haces para correr mejor cuando no estás corriendo

Cuando pensamos en mejorar como corredores solemos fijarnos en los kilómetros, el ritmo o los entrenamientos de calidad. Sin embargo, existe una parte fundamental del rendimiento que ocurre cuando no estamos corriendo: el entrenamiento invisible. El descanso, la alimentación, el sueño, la hidratación y la recuperación también forman parte del proceso para correr mejor

Seguro que muchos de vosotros ya habeis oído hablar del entrenamiento invisible, de la importancia de «lo que no se ve«.

Cualquier persona deportista habitual ya  se habrá dado cuenta de que para rendir al máximo es imprescindible dormir bien, comer bien, y estirar bien antes y después de la práctica de ejercicio físico.

Hoy os vamos a hablar de la importancia de la dieta en el deportista.

Una dieta inadecuada en energía y nutrientes esenciales disminuye la capacidad de trabajo físico. La malnutrición disminuye la captación máxima de oxígeno, la capacidad aeróbica y el rendimiento en personas adultas. Además, en niños puede dar lugar a una menor masa muscular y capacidad de trabajo.

Deficiencias de algunos nutrientes como las vitaminas o el hierro deterioran en pocas semanas la forma física del individuo.

En este tema, hay opiniones para todos los gustos. Desde los que opinan que con una dieta equilibrada pero bien ajustada de acuerdo al aumento de la demanda calórica producida por la actividad física ya es suficiente.  Hasta los que opinan que la dieta ha de ser diferente en función del deporte que se practique.

Dieta de entrenamiento:

Cuando terminamos de realizar el ejercicio o entrenamiento, el cuerpo se siente receptivo a ingerir nutrientes para rellenar esos depósitos vaciados, por lo que este es el momento idóneo para proporcionarlos. Si ingerimos los nutrientes esenciales, favoreceremos la recuperación del organismo y permitiremos que el deportista esté mejor preparado para afrontar el esfuerzo del día siguiente.
En el deporte se observa un gran descenso de las reservas energéticas y por lo tanto, una disminución de los depósitos de glucógeno. Por este motivo se hace necesaria la ingesta de hidratos de carbono en la alimentación del deportista, con el objetivo de rellenar esos depósitos y proporcionar así la energía necesaria para el esfuerzo demandado.

Por otra parte, el tejido muscular es quien produce el movimiento. Se contrae, recibe tensiones y sufre. Por este motivo, durante la fase de recuperación posterior al ejercicio, se repara el tejido muscular para seguir manteniendo el tono y evitar su degeneración. Para ello, el organismo requiere de los aminoácidos provenientes de las proteínas. El deportista debe alimentarse para absorber los nutrientes esenciales en la administración de energía y en la recuperación muscular a base de carbohidratos y proteínas.

Debido al desgaste por la estimulación del organismo en el entrenamiento, el deportista debe llevar una dieta equilibrada, sana y variada de acuerdo a las exigencias de la actividad deportiva, la cantidad de sesiones de entrenamiento y la composición corporal del mismo.

Nosotros consideramos que la dieta de entrenamiento ha de ser igual a la de la población en general. Ha de ser una dieta equilibrada, que cubra las necesidades cualitativas y cuantitativas de la persona y que tenga el siguiente equilibrio de nutrientes (teniendo en cuenta que un deportista necesita ingerir más calorías que una persona que no practique ningún deporte o actividad física):

  • proteínas: 10-15% de las calorías totales
  • grasa: 30-35% de las calorías totales
  • carbohidratos: 55-60% de las calorías totales

Esta dieta de entrenamiento es válida para todos los deportes, ya sean de fuerza como de resistencia. Sólo habrá que adaptar las calorías ingeridas pero manteniendo los porcentajes.

Consejos útiles para la dieta precompetición:

  • los carbohidratos son el combustible de elección para esta dieta, son fácilmente digeridos y absorbidos y ayudan a mantener los niveles sanguíneos de glucosa. Se recomiendan carbohidratos complejos, almidones
  • los productos energizantes son ricos en miel, glucosa, sacarosa y dextrosa, es decir, azúcares simples de rápida absorción que estimulan mucho la producción de insulina con el consiguiente riesgo de producir una hipoglucemia tempranal No se deben tomar azúcares simples en los 45 minutos anteriores a la prueba física.
  • el contenido en grasa ha de ser bajo, para evitar la sensación de pesadez de estómago, dispepsia,…
  • no se recomienda aumentar el consumo de proteína porque ésta aumenta la formación de ácido. Esta acidez, añadida a la acidosis metabólica producida por el ejercicio puede dar lugar a disminución en el rendimiento y causar fatiga temprana.
  • las dietas hiperproteicas producen sobrecarga metabólica y contribuyen a la deshidratación. El metabolismo de la proteína es un proceso que consume mucha energía y esto puede afectar a la realización de la prueba deportiva, ya que el músculo en ese momento necesita toda la energía posible. La eliminación por orina de la urea extra formada en el metabolismo de la proteína supone una eliminación mayor de agua, y si le sumamos la sudoración propia del ejercicio, se consigue una rápida deshidratación. La deshidratación es el peor enemigo de los músculos y estructuras tendido-ligamentosas, lo que produce rigidez y desfavorece los procesos fisiológicos del organismo.Una hidratación inadecuada constituye la principal causa de fatiga disminuyendo así el rendimiento deportivo. No debemos hidratarnos solamente durante la actividad deportiva, sino que debemos asegurarnos de no descuidar la hidratación post entrenamiento. Será recomendable, siempre que tengamos esa posibilidad, ingerir bebidas con electrolitos y sales minerales durante la actividad física y después de ella.
  • Algunos autores recomiendan bebidas isotónicas de absorción rápida durante el ejercicio físico.En ocasiones, muchos deportistas optan por las AYUDAS ERGOGÉNICAS legales y la SUPLEMENTACIÓN complementaria a la nutrición, permitidas e incluso recomendadas por una necesidad biológica.

Y si quereis ampliar información sobre los suplementos ergogénicos , tanto legales como no legales, podeis consultad uno de nuestros mejores artículos clicando aquí.

INSOMNIO

Hoy toca hablar de un problema que sufren muchas personas hoy en dia, el insomnio. Muchos días de insomnio se reflejan en un cansancio crónico que nos impide realizar nuestras actividades diarias en buenas condiciones (de ello hablaremos en nuestro siguiente artículo).

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¿Qué es el insomnio?

Las personas que sufren de insomnio suelen quejarse de algunos de los siguientes problemas:

  • Dificultad para dormirse.
  • Dificultad para mantener el sueño (se despiertan varias veces en la noche).
  • Despertares tempranos en la madrugada.
  • Sensación de no dormir bien.

Durante el día las personas con insomnio suelen tener:

  • Cansancio o sueño.
  • Ansiedad o depresión.
  • Trastornos de memoria o reducción de la atención.
  • Irritabilidad, nerviosismo.

¿Qué consecuencias puede tener el insomnio?

  • Sensación de cansancio, fatiga o falta de energía.
  • Mayores probabilidades de ansiedad, depresión y stress.
  • Menor calidad de vida.
  • Mayor probabilidad de accidentes de transito y/o laborales.
  • Deterioro neuro-cognitivo (pérdida de memoria, trastornos de atención y aprendizaje).

Mucha gente asegura que es causa del estrés…pero no siempre es así. Lo cierto es que cada vez más personas necesitan tomar medicamentos ansiolíticos para conciliar el sueño.

¿Qué puede causar insomnio?

Hay muchas causas que pueden provocar insomnio.

  • Enfermedades psiquiátricas tales como los trastornos de ansiedad y depresión.
  • Higiene inadecuada del sueño (dormir siestas, consumir cafeína y/o alcohol, actividad física intensa antes de dormir, horarios irregulares de acostarse/levantarse, permanecer muchas horas en cama, realizar actividades intelectuales antes de dormir, etc.).
  • Enfermedades crónicas que cursen con dolor o falta de aire (enfermedades reumáticas, fibromialgia, EPOC, asma, insuficiencia cardiaca, reflujo gastro-esofágico, ulcera gástrica/duodenal).
  • Enfermedades que ocurren durante el sueño (síndrome de apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, movimientos periódicos de las piernas, etc.).
  • Medicamentos (estimulantes, antidepresivos, supresión de sedantes o hipnóticos).
  • Patrón de sueño irregular, horarios de trabajo rotativo.
  • Idiopático (sin causa aparente).

¿Cómo se trata el insomnio?

 Las reglas del buen dormir incluyen:

  • Reducir el tiempo en cama (si te despiertas y no puedes volver a dormirte, levántate, no se quedes en la cama).
  • Evita las siestas, el tabaco, el alcohol y el café.
  • Evita los ejercicios intensos cerca de la hora de acostarse.
  • Evita la actividad intelectual dos horas antes de acostarse.
  • Evita comidas abundantes por la noche. terapias de relajación,

Otros métodos que nos pueden ayudar son:

  • terapias de restricción de sueño
  • psicoterapia
  • fitoterapia

Y como último recurso…el médico nos puede ayudar. No dudeis en consultarle.

Aquí os dejamos buen artículo para ampliar información que seguro que también os puede ayudar.

http://www.guiasalud.es/GPC/GPC_465_Insomnio_Lain_Entr_paciente.pdf

¿TE FALTA VITALIDAD?

Con estos calores que estamos sufriendo… seguro que a muchos de vosotros os falta vitalidad, os sentís sin fuerzas para hacer nada.

Hoy intentaremos daros algunos consejos pra que volvais a sentiros ¡así de bien!

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Antes de nada os contamos los síntomas de la falta de vitalidad…o astenia:

• Sensación de fatiga generalizada, falta de vitalidad, debilidad muscular con el esfuerzo.
• Somnolencia diurna y alteraciones del sueño nocturno.
• Dificultad de concentración (que a veces afecta a la memoria).
• Sensación de aturdimiento, presión o dolor de cabeza.
• Sensación de inestabilidad, malestar general.
• Irritabilidad, tristeza.
• Cambios de apetito.
• Disminución de la libido.
• En las personas propensas, bajada de la presión arterial.

Existen distintos tipos de tratamientos que os podrán ayudar:

El tratamiento de la astenia comprende medidas dietéticas y relativas al estilo de vida y, cuando es necesario, tratamiento fitoterápico (según sintomatología) y/o complementos alimenticios.

Medidas dietéticas:
La comida debe ser equilibrada y rica en verduras, frutas, cereales (preferentemente integrales) y legumbres, y contener raciones adecuadas de carnes no grasas y pescado o huevos como ingredientes de las comidas principales.
Las ingestas deben distribuirse en cinco: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena, sin dejar pasar más de 4 horas entre una a otra. Esto es importante para mantener un aporte de energía y nutrientes durante todo el día.
Las cenas deben ser ligeras y se tomarán al menos 2 horas antes de acostarse, para no entorpecer el sueño y conseguir que éste sea reparador.
Entre horas puede optarse por «barritas energéticas». Su composición es muy variada, pero suelen contener cereales, fructosa, glucosa, lactosa, sacarosa, miel, chocolate, frutas, frutos secos, lácteos, soja, etc. Muchas contienen además vitaminas del grupo B y C, y también minerales, que ayudan en el metabolismo energético.
Es esencial una adecuada hidratación durante todo el día. Conviene no abusar del café. Son adecuadas las infusiones (tónicas, digestivas o relajantes, según el caso).

Además hay que tener en cuenta que algunos medicamentos pueden provocar astenia:

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Medidas higiénicas y de estilo de vida:
• Dormir las horas necesarias favorece la recuperación del cansancio diurno y la regeneración del sistema inmunitario.
• Es importante realizar actividad física. El ejercicio regular promueve la liberación de endorfinas, que potenciarán la sensación positiva y de bienestar.
• Aprender a llevar un ritmo de vida más relajado y a evitar el estrés disminuirá la sensación de fatiga y cansancio.
Tratamientos fitoterápicos:
Las principales plantas utilizadas son las de acción adaptógena (ginseng, eleuterococo, rodiola, esquisandra), que ayudan al organismo a adaptarse a los cambios y al estrés, y tienen una acción antioxidante y tonificante. También en caso de fatiga muy acusada pueden utilizarse plantas de acción tónica y ergogénica (guaraná y nuez de cola). Para favorecer el descanso, pueden ser útiles por la noche las plantas de acción sobre el sueño, como la valeriana, la pasiflora, la amapola de California, la melisa, la tila o el lúpulo. En caso de que los síntomas se acompañen de un estado anímico bajo, el hipérico puede ser una buena opción, teniendo en cuenta sus interacciones en caso de pacientes con medicación crónica.

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Complementos alimenticios:
Muchas vitaminas y minerales intervienen en los procesos que determinan la utilización de la energía y pueden ser útiles (en forma de polivitamínicos/minerales, o combinados con fitoterápicos, aminoácidos u otras fuentes de nutrientes) para aliviar los síntomas de cansancio físico y/o mental, estimular los neurotransmisores y por tanto el estado de ánimo, y favorecer el apetito y un buen descanso nocturno.

Consejos:

• Dieta sana y equilibrada, rica en verduras, frutas, cereales, frutos secos, etc. Conviene realizar cinco comidas al día para conservar la energía:
– Desayuno consistente, que aportará energía para empezar el día: cereales (preferiblemente integrales), proteína, fruta fresca o zumos naturales.
– Comida y cena equilibradas. Las cenas deben ser más ligeras para evitar entorpecer el sueño por una mala digestión; conviene cenar 2 horas antes de acostarse. Las comidas principales deben incorporar hidratos de carbono de bajo índice glucémico (verduras, hortalizas, frutas, cereales preferiblemente integrales), alimentos proteicos (al menos una vez al día) como carne (preferiblemente blanca), pescado (el azul aporta mayor contenido de ácidos grasos omega-3), huevos o legumbres, y grasas saludables como el aceite de oliva.
– Merienda para mantener la energía. Barritas energéticas, frutos secos, etc.
– Cena ligera, como se ha comentado.
• Respetar las horas de sueño, para recuperar el cuerpo del cansancio diurno.
• Realizar ejercicio físico moderado ayuda a la producción de endorfinas, que mejoran el ánimo.
• Ejercicios de relajación para superar el estrés y evitar la fatiga.

Esperamos que os sirvan de ayuda todos estos consejos . ¡Ahora os toca aplicarlos!

Este artículo lo hemos extraído de una publicación en la revista «El Farmacéutico».